jueves, 31 de diciembre de 2009

Campanadas

Hoy toca a su fin. Se despedirá de nosotros con la mano alzada y con el tronar de las campanas, que más que un adiós enuncian un saludo.
Parece increible lo deprisa que ha pasado. Cada año me da la sensación de que el tiempo corre más que el anterior.
¿Éste? Ha tenido un poco de todo. Buenos y malos momentos. Risas, llantos, despedidas silenciosas... Muchas cosas para guardar, algunas de ellas, dignas del baúl.
Desde estudios, hasta juergas, estrés estudiantil, broncas paternales, nuevos conocidos y viejos amigos que vuelven a la carga, historias por apuntar, que para nosotros se hacen leyendas, teatro y carcajadas entre bambalinas... pero sobretodo, y lo más importante, vosotros.

Ojalá este año sigáis estando ahí, todos y cada uno de vosotros. Desde aquí, achuchones ^^

jueves, 24 de diciembre de 2009

WarCry

Prediqué en el desierto,pero nadie me escuchó.
Defendí lo indefendible,mi gente me abandonó.
¿Cuánto tiempo ha pasado,cuánto esfuerzo e ilusión?
Contaré los sueños rotos cuando reúna el valor.

Valor...

Ardo en rabia y mis deseos
son espuma sobre el mar.
Los suspiros de mi alma
no me dejan descansar.
He perdido la esperanza,
yace muerta a mis pies.
Solo os pido un deseo:
¡dadme algo en que creer!

En que creer...

Porque tengo el valor
de volver a empezar.
Dadme un poco de fe,
eso me bastará...
Y yo construiré un palacio en el sol
donde renaceré sin sentir su calor.

Tan sólo en tu interior,
en tu corazón se encuentra la fuerza.
En ti se encuentra tu fe
¿quién pudo vencer si no lo intentó?

Y yo tengo el valor
de volver a empezar.
Dadme un poco de fe,
eso me bastará...
Y yo construiré un palacio en el sol
donde renaceré sin sentir su calor.

WarCry: Un poco de fé

http://www.youtube.com/watch?v=hDrEE4GUFnE&NR=1

lunes, 21 de diciembre de 2009

Un oficio

Unas... ¿cuatro? Sí, cuatro hojas. Folios llenos de letras que forman sílabas, y éstas, a su vez, palabras. Palabras amigas, por cierto, pues se unen para crear frases, con más o menos rima, pero todas absolutamente imprescindibles.
Paseo de un lado a otro, lo leo una y otra vez tratando de hacerlo mío, tratando de sentir lo que ella sentiría al decir esos versos. ¿Esperanza? ¿frustración?... ¿resignación? Demasiadas cosas a la vez como para pretender plasmarlas en un momento, quizás.
Pero lo mío no será resignación. La suya era temprana, la mía, si es que llega, tardará en hacerlo.

Sacudo el papel delante de mis narices. Carraspeo y dirijo la mirada a ningún sitio en particular.
Entonces empieza el intercambio de parrafadas, unas más complicadas que otras. Repetimos sin cesar, alterando los tonos, cambiando las pausas y midiendo los gestos y los silencios. Cada vez es más nuestro. ¡Cada vez comprendemos más a esa infeliz pareja que planea fugarse de forma romántica! Cada vez... cada vez sus palabras son tan nuestras como suyas.

Al final, solo se trata de sentir...

El teatro no es un oficio de apariencias... sino de sentimientos.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Más alto

Grita.

Grita.

Vamos, más alto.

¿Eso es todo?

Grita.

¡Más alto!

¡MÁS ALTO!

...
Ahora sí. ¿Listo para hablar?

lunes, 14 de diciembre de 2009

¿?

Dos pasos. La puerta se abre y la veo. Está quieta, mirándome, observándome con el mismo detenimiento que yo a ella. Me detengo en cada rasgo, en su expresión de duda, en el movimiento de sus dedos, que hacen girar varios anillos.

- ¿Quién eres?
- ¿Quién eres?

Acerqué mi mano juntándola a la de ella. Estaba fría. La retiré sin dejar de mirarla a los ojos.

- ¿Qué quieres?
- ¿Qué quieres?

... Silencio.

- Te veo... diferente, ¿sabes?
- Te veo... diferente, ¿sabes?
...
- ¿Cansada?
- ¿Cansada?
...
- No lo sé, pero no te brillan igual los ojos, no sonríes igual...
- No lo sé, pero no te brillan igual los ojos, no sonríes igual...
...
- ¿Qué te pasa?
- ¿Qué te pasa?
...
Ambas bajamos la cabeza al instante. Supongo que no sabíamos responder. Pasaron unos segundos y volvimos a alzar la vista hasta volver a hacer coincidir la mirada.

- Creo que me pierdo por momentos...
- Creo que me pierdo por momentos...
...
- Tengo que irme. Hay gente que me espera fuera, que quiere verme dar brincos y gritar como una condenada
- Tengo que irme. Hay gente que me espera fuera, que quiere verme dar brincos y gritar como una condenada
...

Volví a levantar la mano, pegando mi palma a la suya. Seguía estando fría.
Un leve parpadeo y en nuestros labios se dibujó una sonrisa. Dimos un par de pequeños saltos en el sitio y ella desapareció cuando yo salí por la puerta.

- Mundo, allá voy.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Bébeme

"Bébeme". Eso era todo. Nadie dijo que pasaría después, ni lo pequeñita que se volvería.
Solo quería probar a soñar algo diferente. Caerse por una madrigera no parecía mal plan, sobretodo teniendo como guía a un conejo demasiado apresurado como para darse cuenta de nada. Flores que hablan sin escucharla lo más mínimo. Una oruga enorme que dice saber de todo y todos. Un gato canalla que guarda a buen recaudo todas las respuestas. Una reina que pide su cabeza y unas cartas que la siguen y obedecen como borregos al pastor. Y después estaba aquel loco adicto al té. Curioso, aun en su locura, el Sombrerero le hablaba con coherencia, "¡Siempre hay algo que celebrar, aunque sea un no-cumpleaños!"

No parece un mal sueño... si despiertas antes de se cumplan los deseos de la Reina.

¡Alicia, despierta!


"Un ratito más... quiero seguir soñando cinco minutitos..."



lunes, 30 de noviembre de 2009

Aun no

Ellos estaban... no... maldita sea. Ellos NO estaban.
El mundo me pesaba sobre los hombros. Probablemente mi alma se había estrellado en algún abismo, o se había extraviado vagando entre recuerdos.
Me dolían las piernas, no podía flexionar las rodillas. Tenía todos los músculos del cuerpo entumecidos. No podía llorar... no me quedaban lágrimas. Había pasado días tendido sobre la tierra mojada, moviéndome solo al debatirme en pesadillas. Aun no podía creerlo. Se habían ido, y con ellos mi ánimo, mi alegría, mi calma, mis sueños, mi vida...
¿Ya está?
No... Levanté la vista y los vi ante mí, a los tres.
Aun no.

viernes, 27 de noviembre de 2009

Debe ser


Sí... será eso. Debe ser que grito en otro idioma.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Sonreídme


Sonreídme... por favor.
Simplemente sonreídme.
Miradme.
Solo un segundo.
Os prometo que estaré esperando.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Momentos ajenos

Abrió los ojos despacio, recordando con quien estaba y pretendiendo ser sutil incluso con ese nimio movimiento para no despertar a su compañera.
Las cortinas estaban abiertas. Bueno... cortinas, por llamarlas de alguna forma.
La luz de la luna las hacía mágicas, confiriéndole a sus cuerpos un tenue color azulado.
Se incorporó despacio, sin dejar de mirarla a la cara para asegurarse de que seguía durmiendo. Finalmente, posó los pies descalzos en el suelo de madera. Cubrió su desnudez con un fino camisón y se echó sobre los hombros la capa de su compañera. Después, se calzó las pequeñas botas y salió de la habitación con cuidado.
Era una noche fría para salir, pero no conseguía conciliar el sueño, así que descendió casi de puntillas las escaleras de la posada, haciendo a los escalones crujir bajo sus pies.
Cuando bajó el último peldaño advirtió la presencia de alguien que estaba sentado casi al fondo, apoyando la cabeza entre las manos y con un cigarro débilmente sujetado por dos dedos. El olor a opio parecía no querer salir de ese rincón, de hecho, ella no lo percibió hasta que no se encontraba a escasos pasos de él.
- ¿Es... tás bien? - inquirió en voz baja
- ¿Uhm? - el muchacho levantó la cabeza y esbozó una sonrisa al verla – Claro... ¿necesitáis algo?
- No... yo... No podía dormir, iba a dar una vuelta
- No seré yo quien os detenga, pero no deberíais salir de noche – dio una calada al cigarro y expulsó el humo sin apenas separarlo de sus labios, luego le hizo un gesto a ella invitándola a tomar asiento
- Gracias – musitó
- ¿Está durmiendo?
- Sí, duerme como una marmota – rió ella
- No os preocupéis, suele hacerlo a menudo. Solo sabemos diferenciar si está dormida o muerta porque le late el corazón – continuó él y la joven comenzó a reír. La miraba fijamente, intentando escudriñarla - ¿Me permitís una pregunta?
- Claro, por supuesto – asintió
- ¿La queréis? - la miró fijamente a los ojos
- Como nunca había querido a nadie – ella sonrió, risueña y convencida de sus palabras
- Sabéis que no pertenece a éste mundo, ¿no?
- No me importa. Ella pertenece al mío, y donde esté el suyo, estaré yo
El joven dio una larga calada, girando esta vez el rostro para evitar darle a ella con el humo en la nariz.
- Entonces saldrá bien – él sonrió y recostó la cabeza sobre la madera – Debo pediros un favor
- ¿Un... favor? Adelante – lo miró inquisitiva
- No le hagáis daño – desvió los ojos, fijándolos en los de ella y manteniendo el semblante serio
- Podéis estar tranquilo – sonrió
- ¿Una calada? No mata... os lo prometo – bromeó tendiéndole el cigarro
Ella dio un par de caladas, tras las cuales cayó rendida. El chico terminó la colilla y la cogió en brazos, llevándola a la habitación de donde había salido.
“Estos humanos... qué enclenques que son”, reía para sus adentros.
Entró despacio y la acostó junto a su compañera, la cual, como si pudiera ver lo que ocurría, se apresuró a abrazarla, en sueños.
Luego cerró las cortinas y salió sin hacer ni el más mínimo ruido.


“Soñad ahora... ya llegarán las pesadillas”, se perdió en sus pensamientos mientras volvía a su pequeño rincón en la planta de abajo.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Sintonizando

Sintonizando sueños.
Soñando amaneceres.
Amaneciendo entre sábanas.
Sábanas que acunan mis noches.
Noches para poder soñar.
Sueños para sintonizar colores.

martes, 17 de noviembre de 2009

Postal de Dios sabe dónde...


Una mañana ajetreada. Idas y venidas de una punta a otra del laboratorio, intentando evitar que la bata se me enganche en algún sitio. Comienzo a amontonar materiales mientras recuerdo para qué sirve cada uno. Luego demasiados líquidos para preparar lo que me parecen doscientas mil muestras para analizar. Un tinte violeta, otro anaranjado y por último uno que huele a alcohol o acetona.
Más tarde unas clases tediosas condimentadas con las lecciones de siempre.
Y por fin a casa, a la autoescuela... y al lugar donde nacen los sueños.
Teatro. Recinto nuevo, en la quinta puñeta, sí... pero, ¿qué más da?
La sala es minúscula, forrada de espejos y con una columna horrible en el centro de la habitación. Antoine como siempre llega tarde, pero nos lo compensa con esa sonrisa tan particular que regala esperando solo otra a cambio.
Hacemos varios ejercicios, cada uno más variopinto que el anterior, pero como siempre sorprendentes...
Uno de ellos era simplemente caminar, y cuando Antoine dijera, tendríamos que abrazar a quien tuviéramos más cerca, lo conociéramos o no. Resulta curioso pensar que un desconocido pueda abrazarte así.
Otro era muy parecido, pero en lugar de abrazarnos teníamos que confesar nuestro amor hacia esa persona. Relajante, inquietante, absurdo... y divertido.
Poco a poco nos hacemos cómplices, intercambiamos sonrisas, gestos, compartimos cada momento que pasa entre esas cuatro paredes.
Seguro que tenemos más cosas en común de las que pensamos... pero la primera de nuestras razones es la que nos ha llevado allí.
Nos despedimos en voz baja entre nosotros. Luego me despido de Antoine, le doy un abrazo, “sabes que me encantas, ¿verdad?”, se ríe cuando le pregunto eso.
Al finalizar nos vamos.
Llego a casa, es tarde. Me despido de él en el portal entre susurros y subo.
Mi padre está en el sofá y me pregunta qué tal ha ido la tarde. Mi hermana frente al ordenador casi ni se inmuta de que he llegado hasta que entro a contarle batallitas teatreras.
Minutos más tarde entra mi madre con una carta en la mano.
“¿Otra carta del ayuntamiento?”, me pregunto cuando me la tiende.
La giro y veo la letra. Es raro, no me suena... “puede ser... ¡sí!”. La abro y veo la postal.
¡Una postal desde Dios sabe donde! La aurora boreal aparece en tonos verdosos en la foto. Comienzo a leer.
No me lo puedo creer. Doy saltos de alegría. Parezco una cría, pero me da igual.
Esta noche soñaré con sonrisas en el círculo polar ártico.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Buenas noches...

Hace frío.
No sabemos lo que habrá más adelante.
No debemos olvidar el pasado, es lo que nos hace fuertes, las vivencias que nos recuerdan donde no tropezar.
Estoy tumbada sobre él.
El fuego arde delante nuestra.
Lanzo mi identificación a las llamas. No la necesito. Sigo siendo yo. Sé quien soy y adonde pertenezco.
Sé a quienes defiendo y porqué. No sé donde iré... pero sí con quien.
Le invito a deshacerse de la suya. Acepta, creo que de buen grado.
Ahora le toca a él, a quien estuvo.
Volvemos a ser tres. Lo juramos. Siempre tres.
Termina un camino, otro comienza. Diferente, pero quizá el mismo. Sin embargo esta vez la decisión es nuestra, y nos hablan el cansancio, la experiencia, la razón, el corazón...

Cierro los ojos.
Buenas noches... mi guerrero.

jueves, 12 de noviembre de 2009

Relatos del Juglar II

Thyra salió de la tienda de campaña con paso decidido. El sol le acarició sutilmente el rostro. Fuera había varios soldados que se afanaban en coger sus armas y correr hacia el patio de arena, donde el general seguro los reuniría.
- Lady Thyra – una voz firme a su espalda
- ¿Sí?... ¡Ah! Ardeth, ¿qué ocurre? – le parecía extraño que uno de los ayuda de cámara de Sus Majestades estuviera allí
- Los señores quieren verla
- ¡Ese oficial se pasó de la ralla! ¡Por eso le metí!
- No es eso, milady – no pudo evitar esbozar una sonrisa – Quieren hablar con vos, así como con Fianna, Bowen y el señor Celsiorh
- ¡Ah, claro! – ella sacó la lengua, divertida – ¡Pues vamos!
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- ¿Señor Celsiorh? Con su permiso – Ardeth entró en la sala, la habitación del erudito, encontrando en lugar de a él a su joven aprendiz
- Ha ido a reunirse con Sus Majestades, señor – afirmó el muchacho haciendo una leve inclinación
- Pero... ¿cómo lo sabía? – inquirió, perplejo
- Tú. Ya sabéis que siempre anda cotilleando por ahí. Él fue quien comunicó a mi maestro que querían verle
- Buena suerte hoy – el hombre respondió la inclinación a modo de despido y salió de la habitación
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- Señor Álcanor – Ardeth hablaba desde fuera de la cuadra. Odiaba mancharse los zapatos de barro
- ¡Buenos días Ardeth! – respondió, como siempre entre risotadas
- Estoy buscando a su hija Fianna, señor...
- Ardeth – la voz de Fianna interrumpió la suya
- ¡Oh, aquí estáis! ¿Tendréis la bondad de acompañarme?
- Por supuesto, ¿ocurre algo?
- En absoluto, ellos quieren verla
- Sea pues, no hagamos esperar a los reyes – sonrió la joven siguiendo al caballero
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Bowen y Nikos abandonaron la sala de piedra para salir al patio de armas, donde los muchachos esperaban totalmente erguidos. El general suspiró largamente y se dirigió a ellos.
- Sir Bowen – Ardeth comenzó a caminar a su lado mientras le hablaba – Lamento interrumpir su protocolo de formación pero... los señores quieren verle
- ¿Ahora? Tengo que comprobar que todo esté perfecto, he de pasar revista
- Tranquilo Bowen, yo me encargo – aseguró Nikos – Ve
- Muy bien – respondió el general tras dudar un momento - ¿Tardaremos mucho, Ardeth?
- A fe mía que no, señor
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Uno a uno fueron entrando en el gran salón. Las enormes cortinas aun estaban cerradas e impedían el paso al sol.
Ellyn se encontraba esperando desde hacía rato y no paraba de caminar por la sala con paso tranquilo.
- Milady – Ardeth y Bowen entraron en la estancia – Aquí está el último, señora, ¿necesita algo más?
- Gracias, podéis retiraros Ardeth – hizo un educado ademán con la mano y el hombre salió por donde había entrado
- Nos tenéis intrigados, princesa – Thyra se apresuró a hablar
Ellyn, por su parte, se acercó a un inmenso jarrón lleno de múltiples flores que había sobre una mesa y las acarició. Al hacerlo, los pétalos se quitaron el camuflaje, apareciendo como hadas de varios colores que, como leyéndole el pensamiento a su señora, se apresuraron a abrir las cortinas.
Una fuerte luz bañó toda la habitación y besó los rostros de los allí presente.
- Lamento haberos distraído de vuestras tareas, pero quería hacer algo, quizá por última vez, con vosotros
- No os preocupéis pero, ¿de qué se trata? – inquirió el sabio
La princesa se acercó a un pequeño armario de cristal y sacó cinco copas llenas de extraños grabados a ojos de cualquiera, pero que para ellos tenían mucho sentido.
- ¿Un brindis? – preguntó Fianna, incrédula
- ¡Un brindis! – a Bowen no le pareció mala idea
- Vaya, esas copas son... – a Thyra se le dibujó una sonrisa en los labios
- ¿Perfectas para la ocasión? – a Celsiorh también se le iluminó la cara
- Cuando hace años llegamos aquí, Ushâr estaba sumida en tinieblas. La tierra era yerma y el cielo oscuro de día y de noche – la princesa comenzó a repartirles copas, una a cada uno, y ella se quedó con otra – Trabajamos duro, junto a quienes nos esperan fuera para recibir órdenes y apoyo... Y conseguimos un cielo colmado de estrellas, le devolvimos la vida a esa tierra yerma. Y aquel día, con dos lunas coronando el cielo, brindamos los cinco con estas mismas copas – concluyó, llenándolas
- Hoy nos enfrentamos a algo nuevo, peligroso y quizá definitivo – afirmó Celsiorh sujetando su bebida con firmeza
- Sí, pero después de tantos años seguimos siendo los mismos, volvemos a estar aquí y luchando por lo mismo – le siguió Fianna
- Han caído muchos en el camino, pero nosotros no, nos hemos levantado miles de veces, hoy será otra vez más... – Bowen no pudo terminar
- ¡Sí! ¡Hoy volveremos a plantarle cara al destino! – Thyra alzó su copa - ¡Por nosotros!
- ¡Por ellos! – Fianna la imitó
- ¡Por lo que nos espera! – Celsiorh hizo lo propio
- ¡Por el mañana! - le siguió Bowen
- ¡Por la promesa de volver a brindar! - concluyó Ellyn
Las cinco copas chocaron produciendo un leve sonido y derramando, debido al énfasis, algo de su contenido. Luego las apuraron.

Ahora sí estaban preparados.

martes, 10 de noviembre de 2009

Carta a Nässhir


¡Hola papá!
Este sitio es increible.
Los padres de Alice son unas personas encantadoras y se mueren de ganas de conocerte. Creo que te caerán bien, son... peculiares, como tú... ¡pero no tanto! ^^. Ya lo verás.
He aprendido a tirar con ballesta, ¿sabes?... ¡y a montar a caballo! Es mejor que coger un taxi, pero se te queda el culo dormido si llevas mucho rato.
Hemos sembrado en un huerto, patatas y tomates, creo que no podré esperar a que crezcan, jajaja.
Nos levantamos cada día cuando amanece. Ojalá pudieras verlo. El cielo se va llenando de colores, y las nubes también.
Por la mañana huele a tierra mojada y por las noches a madera quemada en la chimenea. Se escuchan los grillos, cualquiera diría que cantan. Iba a meter alguno en un frasquito o en una caja de zapatos, pero por lo visto se mueren, así que creo que se quedan aquí ^^.
¡Ah! También he aprendido a encender fuego chocando dos piedras.
Alice y sus padres son raros, pero me siento muy a gusto con ellos.
Tengo ganas de verte y muchas cosas que contarte. Dale un beso a Nassirh de mi parte, que debe sentirse solo ^^. Te lo dejaría para dormir pero... no creo que a ella le haga mucha gracia, ¿verdad?

En breve estoy de vuelta. Un abrazo.

Te quiero, papá.

Fdo: Lylian B.

Son sueños...

Como cada tarde, a las seis se reunirían. Fueron llegando uno tras otros, se sentaron sobre el césped de aquel inmenso parque y comenzaron a intercambiar aventuras.
Todos se escuchaban entre sí atentamente, con los ojos muy abiertos y sin perder ni el más mínimo detalle de cada historia. Por último, le llegó el turno a ella.
- Pues atención... he encontrado algo increible... maravilloso... ¡sorprendente!
- ¿Qué es? - preguntó uno
- Es un baúl, un baúl lleno de magia...
- ¿Un baúl mágico? ¡Qué tontería! - dijo otro
- Sí, sí, es mágico... está enterrado... ¡y no es ninguna tontería!
- Bueno... y en el supuesto caso de que sea mágico de verdad, ¿para qué lo queremos?
- ¿Cómo que para qué lo queremos? Estará lleno de ilusiones, de sueños, de...
- Bah, olvídalo. ¿Qué era eso que nos contabas? - la cortó uno de ellos para dirigirse a otro

...

¿Sirve de algo un tesoro, un secreto, un sueño, una ilusión... si no lo puedes compartir?
Ella tenía su mágico arcón, pero lo abriría sola.

domingo, 8 de noviembre de 2009

Mono de vosotros


Parece que este año voy a seguir, pero sin duda no será igual.
El lugar cambia, adiós a las goteras del Santa Rosa, a sus largas filas de asientos y a ese escenario lleno de cortinas detrás de las cuales desaparecíamos de improviso, bien por algún juego que a Antoine se le ocurriera, o por una caída estúpida con la que todos nos reíamos.
Sin embargo el lugar no importa. Ya nos encargaremos de llevar la magia adonde quiera que vayamos...
Lo que sí es importante es la gente. No es solo teatro, sois vosotros.
Son los cotilleos de Toñi y Beli, los chistes de Alberto, el cachondeo de Floren y Chori, los “horrores” de Victor, el paso decidido y las idas de pinza de Chiqui, las chinadas de Marian... y más... y más que no menciono aquí pero que tengo muy presentes.
Son todos y cada uno de los minutos de los que me habéis hecho partícipe con vuestra simple persona, sin dobles caras, ni máscaras.
Sois algo que me hace un poquito más persona.
Parece ser que este riesgo ya existía desde el año pasado, pero aunque sea “normal”, según decís algunos... Yo no pienso acostumbrarme.
Cuando terminamos dije que querría compartir más de esos momentos especiales con vosotros, así que espero veros, cuando sea, donde sea, y sobretodo el año que viene, porque así me devolveréis ese pedacito que me va a faltar durante todo este año.
Gracias, porque sois mis pinceles favoritos, porque coloreais los días con sonrisas.
Y a los que sí que os veré seguro... gracias también por estar ^^.



"Si estás buscando una aventura, una historia, un amor o un deseo que compartir,

que no te quepa ni una duda, viajando seguro lo vas a conseguir.

Puedes viajar en bicicleta, en un barco, en un tren, en un auto o en avión.

Pero si quieres llegar lejos, muy lejos, haz que vuele tu imaginación.

Podrás llegar a donde tu quieras, no tendrás fronteras que te hagan parar.

Y en cualquier sitio hallarás canciones, músicas distintas, que te harán soñar...

¡Haz que vuele tu imaginación! ¡¡¡SÍ!!!"

viernes, 6 de noviembre de 2009

7:23

El jodido despertador ha sonado, como siempre, a las 7:23 de la mañana. Hasta las 8:15 no entro a clase, pero esos siete minutos que pasan hasta las 7:30 me dejan remolonear en la cama.
Mi madre viene a avisarme de que no voy a llegar a clase, pero no me apetece levantarme todavía, así que le digo que entro una hora más tarde de la cuenta.
Me giro y me cubro la cabeza con las sábanas, me acurruco sobre mí misma y espanchurro a Frogy, o a Moños... o a cualquier otro peluche que me quede lo suficientemente cerca como para no moverme mucho.
Hoy me hubiera quedado en cama hasta mañana.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Relatos del Juglar I


No había conseguido conciliar el sueño en toda la noche. Se encontraba sobre la cama, recostada entre los brazos de Nicholas, que tampoco había podido dormir.
- Tengo miedo, ¿sabes? - Ellyn jugaba con sus dedos entre los de su marido – Tengo miedo de que todo lo que hemos creado, junto a las gentes de Ushâr, se destruya hoy
- Todo irá bien – le respondió él mientras le acariciaba el cabello – Son fuertes. Ushâr resistirá esta embestida. Si tras la batalla hay algo dañado, volveremos a levantarlo, como hace años.
- ¿Y si caemos...? ¿Y si no estamos aquí para levantar nada?...
- Ey, ey, ey – le giró el rostro sutilmente hasta hacer coincidir la mirada de ella con la suya – No vamos a caer aquí. Hay todavía muchas páginas en blanco en este cuento, y estoy dispuesto a escribirlas contigo – sonrió y la besó – Te prometo que no dejaré que te pase nada... mi princesa, mi niña... - su voz se fue perdiendo hasta que finalmente se vio interrumpida por tres suaves pero apresurados golpes en la puerta
- Adelante – Ellyn se incorporó y se recolocó el liviano camisón
Un hombre de cabello cano, sin vello facial y vestido de forma impecable, anunció:
- Todo está siendo preparado tal y como mandasteis – el caballero mantenía en todo momento una etiqueta perfecta
- Muchas gracias, Ardeth – Nicholas, que ya se había levantado, avanzó hasta él y le puso una mano en el hombro, luego miró a su mujer
- Necesito a Thyra, Fianna, Celsiorh y Bowen en el gran salón en cuanto sea posible
- En seguida, milady – Ardeth hizo una inclinación y salió de la habitación
La luz ya hacía acto de presencia en la sala. Poco a poco, amanecía. Un nuevo día... quizá un nuevo comienzo.
- Ellyn...
- Nicholas...
- Os amo
- Todo saldrá bien – aseguró esta vez ella
- Sí, todo bien...

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Relatos del Juglar I


- Sir Bowen, señor, los hombres se están preparando – un joven soldado se acercó al general y se dio un leve golpe con el puño cerrado sobre el corazón – Estamos a la espera de órdenes
- Bien... - Bowen posó una mano sobre el hombro del muchacho - ¿Impaciente, soldado?
- En parte, señor – afirmó, poniéndose totalmente recto
- Que la impaciencia no nuble la prudencia – lo miró fijamente a los ojos y el joven sonrió
- ¡Sí, señor! - aseguró con fuerza
- Ve con los demás – su tono no era borde o cortante, sino más bien paternal
El muchacho se marchó y Bowen comenzó a recorrer el patio de armas de un lado a otro. Ocasionalmente algún que otro soldado le saludaba debidamente, golpeándose el pecho.
Más de un gran hombre se perdería en esta guerra, y él lo sabía. Durante unas horas revisó espadas y ayudó a poner armaduras, hasta que él mismo se retiró a equiparse.
Había dirigido... capitaneado... ¡maldita sea!, participado, al fin y al cabo, en dos guerras aparte de ésta, pero no en Ushâr. Esta tierra le importaba mucho más que cualquier otra.
Se estaba colocando la coraza cuando escuchó pasos de alguien que entraba en la enorme sala de piedra. No era necesario girarse para averiguar de quien se trataba, al menos para él.
- Nikos – se alegraba de combatir a su lado. Era el mejor compañero de armas que pudiera desear
- Bowen – el hombre se acercó hasta él y le ayudó a terminar de ponerse la coraza - ¿Cómo los ves?
- Muchos de ellos ya han sangrado, como nosotros... algunos en cambio son jóvenes, quizá demasiado... Quizá después de hoy no puedan soñar con conocer mujer
- No tienen la experiencia de los viejos – dijo Nikos dando un par de golpecitos a su compañero en el hombro – Pero sin embargo son valientes y fuertes de espíritu. No son mucho más jóvenes que cuando tú y yo comenzamos a batallar.
- ¿Vas a contarme historias de la guerra? - Bowen esbozó una sonrisa
- No... Te aburrirías, ya no tienes edad
Durante unos segundos las risas llenaron la estancia, haciéndoles olvidar lo que iba a ocurrir en breve.
- ¿Cómo están tu mujer y tu hijo?
- Aun estamos esperando a que se decida a nacer – el general finalmente estaba preparado – Así que hoy vamos a intentar dejar Ushâr lo mejor que podamos. No quiero que crezca en un mundo caótico o parecido en lo más mínimo al humano...
- No les hagas esperar – dijo Nikos
Silencio. El patio de armas había enmudecido.
- Fuerza y honor – juntó su mano a la del general
- Fuerza y honor – repitió estrechándole y abrazándolo con una palmada en la espalda

martes, 3 de noviembre de 2009

Inexcrutables... JA

La mía es una historia demasiado larga... y lo peor es que aun no ha terminado.
Había conseguido mi gran sueño, después de muchos años luchando por él. La fe en la Iglesia Angélica cegaba mis sentidos. Era un Templario Negro. Por fin era uno de ellos.
Apenas hacía un año que formaba parte de la orden. Todo me iba sorprendentemente bien.
Me había casado con la mujer más bonita del mundo. Tenía los ojos negros y el cabello del mismo color... ¡y un carácter endiablado, por cierto! Pero la quería, joder que si la quería. Llevábamos un par de meses buscando un hijo, ¡un heredero! Solo pensarlo me ponía los pelos del cogote de punta.
Las cosas no tardarían en torcerse.

Aquella mañana el cielo rugía como una bestia enjaulada. Una tormenta que había comenzado por la noche y que amenazaba con tardar en retirarse me hizo llegar a formación como una sopa.
Todos formamos, listos para salir al campo de entrenamiento.
Nuestro último encuentro con varios engendros nos había hecho sufrir muchas bajas. No tengo ni idea de cuantas veces recé aquel día. Más que en toda mi vida, seguro.
El armatura se paseó entre nosotros, observándonos con detenimiento. Yo me mantenía todo lo erguido que la espalda me permitía.
Algo quebró mi firmeza. Dos hombres tiraban de una mujer, cuyos gritos de negación se amortiguaban con el sonido de la lluvia. No podía verla con claridad, pero parecía... ¿Kasandra? No podía ser.
- ¿Ocurre algo, templario? – el armatura se dirigió a mí con su acostumbrada impasividad
- Permiso para abandonar la formación, señor – no le miraba a la cara, intentaba averiguar si se trataba de mi mujer
- Adelante – dijo tras echar un vistazo a lo que captaba mi atención

Dios... Era ella.
- ¿Qué diablos ocurre? – traté de acercarme y uno de los guardias me lo impidió. Mala suerte para él. Perdió un par de muelas con el puñetazo que le di en la mandíbula
- ¡Gorke! – una voz a mis espaldas. Me giré para encontrarme al sacerdote
- ¿Qué ocurre, Padre? – mientras hablaba con él el guardia intentaba llevársela. Ya he dicho que era bruta. Ese pobre muchacho también se llevó un buen mamporro, aunque por parte de ella.
- Tu mujer ha sido acusada de brujería, la llevan dentro para hacerle unas... preguntas
- ¿QUÉ? Es imposible, ¿se han vuelto todos locos? – no podía creerlo

jueves, 29 de octubre de 2009

Relatos del Juglar I


- Ya está, Inferno... no dejaremos que esto nos supere, ¿verdad? – Fianna acariciaba el lomo de su caballo, que casi mantenía más la compostura que ella


Se había pasado toda la noche, junto a su padre y su hermano, revisando a todos y a cada uno de los caballos.
- ¿Nerviosa, hermanita? – Luca le revolvió el cabello con un movimiento rápido
- ¿Tú no? Cuando padre nos contaba historias de la guerra las escuchábamos absortos, ¿creíste que alguna vez que lo viviríamos?
- No, pero ha llegado, y estamos aquí para hacerle frente – Luca cogió las dos manos de su hermana y las apretó con fuerza – Ten mucho cuidado – el tono serio de su cara cambió, al igual que su voz – Además, ten en cuenta que en tu relación tú eres el hombre, así que procura no mancharte... ¡y bueno! No hablemos ya de sobrevivir...
Ninguno de los dos pudo evitar echarse a reír, aunque tampoco es que lo intentasen.


- ¿Qué estáis cotilleando ya? – Álcanor entró en la cuadra, preparado ya con sus arreos de montura bajo el brazo
- Oh – Luca soltó las manos de Fianna y se dirigió hacia su padre con los brazos abiertos – Solo hablábamos de que tenemos el mejor padre del mundo, ¿verdad, hermana?
- Además del mejor jinete del reino... ¿qué digo del reino? ¡De Metáfora!
- Jajajaja... venid aquí – ambos se acercaron. El hombre dejó caer sus arreos y abrazó a sus hijos, para luego separarlos de sí y mirarlos fijamente a los ojos, yendo de uno a otro – No vaciléis ni por un momento, ellos no lo harán. No seáis crueles, pero tampoco dejéis vuestras espaldas al descubierto por salvar una vida enemiga. El más antiguo de nuestros antepasados contaba que, cuando un jinete muere, su alma y espíritu no desaparecen, sino que se mantienen en el mundo con el cuerpo de un caballo, viviendo esta vez en libertad o volviendo a servir a un nuevo jinete. Cuidad de vuestras monturas y ellas cuidarán de vosotros, pues antaño ocuparon vuestro lugar... Y suerte, hijos míos... suerte y valor – se giró hacia Fianna – Hay alguien esperándote fuera – sonrió


Fianna no tardó en salir a la carrera, para encontrarse fuera con Dharmaeh. La alzó en brazos y la besó.


- Todo saldrá bien... te lo prometo – la dulce driada sonrió
- Te veré al final. Te buscaré cuando todo termine... mi amor...

Relatos del Juglar I


El cielo comenzaba a vestirse de colores y Celsiorh llevaba ya un par de horas despierto. No podía dormir, no, sabiendo la tempestad que se avecinaba.
Miraba por el mismo gran ventanal por el que tantos días y tantas noches había contemplado Ushâr, atrapado irremediablemente por el encanto de sus calles y la magia de sus gentes.
Era temprano, y ya había mucho movimiento fuera, sobretodo en el patio de armas. Veía a los soldados repetir golpes secos una y otra vez, afilando sus armas para que estuvieran dispuestas para cortar carne y hueso... algunos, incluso, se abrazaban.
Suspiró largamente, impregnando el cristal con algo de vaho y pasó la palma de la mano para limpiarlo, descubriendo en el reflejo que tras de sí se encontraba Tú.
- Señor... ¿habéis descansado? – inquirió el pequeño duende
- Tengo un presentimiento, Tú... – Celsiorh continuaba mirando a través del cristal y su rostro se entristecía por momentos
- Y... ¿es un mal presentimiento? – Tú jugaba nerviosamente con sus largos dedos, entrelazándolos y moviéndolos repetidas veces
- Creo que esto es el fin de una etapa... y el comienzo de una nueva... – el erudito se giró y acarició un mapa estelar que tenía sobre el viejo escritorio de madera – Quiero que pongas los objetos más valiosos de esta sala a buen recaudo, ya sabes cuales son – lanzó a su compañero una sonrisa casi melancólica y éste se comenzó a mover muy deprisa por la habitación, amontonando cosas sobre sus pequeños brazos.
- Celsiorh – una voz suave pero firme sacó al joven de sus pensamientos
Celsiorh hizo un leve gesto con la cabeza a la criatura, la cual salió de la habitación cargada hasta la cabeza de artilugios extraños y algún que otro rollo de pergamino.
- Laune... – sonrió e hizo un gesto al muchacho para que entrase y se acercara.
El chico acudió a la silenciosa petición haciendo una leve inclinación al llegar ante su maestro.
- Todo está siendo cuidado al detalle, señor y...
- ¿Por qué tanta formalidad? – sonrió Celsiorh, cogiéndole el mentón y besándole en los labios
- Ha llegado el momento. No pensé que fuera a escuchar historias de guerra en Ushâr, mucho menos a vivirlas...
- Tranquilo, mantente en tu puesto, en retaguardia. Recuerda que irás ayudando en todo lo que puedas al estratega y al general. No entres en combate, mantente al margen... Te qu...
- Señor... – Tú interrumpió tímidamente en la estancia – Nicholas y Ellyn requieren su presencia
- Desde luego – respondió Celsiorh, firme, y salió de la habitación siguiendo a Tú y conteniendo sus emociones.


Ya habría sonrisas, abrazos... ya habría besos cuando todo acabase.

Relatos del juglar I



La luna aun gobernaba el cielo cuando abrió los ojos. Ambos habían caído rendidos tras la intensa noche, y el joven mago no pudo evitar sonreír al mirar a su compañera, que aun dormía profundamente.
Se levantó con sumo cuidado para no despertarla y la besó en la frente.
La fina tela de la tienda de campaña dejaba intuir ocasionalmente alguna sombra que desfilaba por el campamento, probablemente haciendo guardia.
Las ropas que utilizaba para el combate estaban tendidas sobre el lecho. Apretó los puños con rabia, las cogió y comenzó a vestirse, comenzando por la parte de abajo.
Su mirada seguía fija en ella. No estaba dispuesto a pensar que esa había sido la última noche.
- Es la hora – Thyra abrió los ojos y sonrió. Estaba nerviosa, pero a la par que se encontraba impaciente
- Nunca es suficientemente tarde – se puso la parte de arriba y colocó unos viejos brazaletes de acero grabado en sus brazos.
La joven se levantó del lecho, dejando al descubierto su desnudez, y se acercó al mago.
- ¿Por qué sois tan hermosa? – preguntó Zack con una sonrisa en los labios y echándole su capa por encima de los hombros. Luego, tomó su rostro entre sus manos y la besó en la cabeza.
- Zack – Thyra lo miró a los ojos – No vamos a morir aquí
- Más te vale – el tono de su voz pasó a ser más divertido – Porque, decidme, ¿quién mejor que vos para ser objeto de mis burlas?
Por una única vez la joven arquera no replicó, en lugar de eso le besó en los labios, a lo que él respondió abrazándola.
Al fin y al cabo, ella también tenía algo de miedo, y el sonido de los que fuera, con pisadas fuertes comenzaban a formar, no podía sino reblandecer, aunque fuera mínimamente, su corazón de piedra.

domingo, 25 de octubre de 2009

Noche de chicas

La hoguera comenzaba a enmudecer mientras los jóvenes templarios iban cayendo en los brazos de Morfeo.

- Psss - Amelia trató de llamar la atención de Ilse - Ilse... ¿puedes dormir?
- No, no me dejas - la muchacha soltó una leve risita y se arrimó, aun cubierta por las mantas, a Amelia y a Jaqueline - ¿Y tú, Jaqueline?
- No... aun no tengo sueño... - la joven se cubría casi hasta los ojos, lo cual hacía que fuera casi imposible entenderla

Un ronquido las interrumpió.

- Dime que ha sido un animal enorme y muy cabreado - susurró Amelia
- Te diré que ha sido uno de ellos - respondió Ilse señalando a sus compañeros, quienes dormían profundamente. Duncant, Alejo, Johan, Jacob e Isaac se habían quedado traspuestos tras el largo día de entrenamiento.
- Míralos, ¿no parecen angelitos vistos así? - sonrió Amelia
- Mmm... yo diría que parecen más hombres que despiertos - aseguró Ilse - Por cierto, Amelia... ¿qué te pasa con Isaac?
- ¿A mí?... Nada... ¡nada! ¿por qué?
- Venga ya, he visto como lo miras...
- ¿Con desesperación? - Amelia intentó cambiar el tono de la conversación, de hecho... no le fue demasiado difícil - A Jaqueline, sin embargo, diría que el amor la ha tocado
- Y-yooo... - la joven intentó explicarse
- ¡Es cierto! - Ilse empezó a animarse. Siempre era muy divertido hacerle a Jaqueline este tipo de preguntas, se ponía colorada e incluso titubeaba - Hacéis buena pareja, ah... - suspiró largamente - ¿no sería romántico?
- Sí que lo sería - le siguió la otra
- P-pero yo... - Jaqueline seguía sin hablar demasiado
- Te gustaaaaa, no digas que nooooooo - Amelia insistía
- Y a ti Isaac - Ilse se rió de nuevo
- ¡Que no! - la joven, esta vez, alzó la voz más de la cuenta
- ¿Qué pasa? - Isaac se levantó sobresaltado, casi desenvainando
- ¡NADA! ¡TÚ A CALLAR!
- Joder... vale - el joven templario se dio media vuelta y musitando algo volvió a dormirse
- Gasfmprijalfdlakdj...
- ¿Qué dices Amelia? - preguntó Ilse
- Que es idiota - se cruzó de brazos - Buenas noches - se cubrió la cara con las mantas, enfurruñada


Así, otra noche más, de esas que callan secretos.

viernes, 23 de octubre de 2009

Un nombre

Un gesto, una palabra, una frase característica.
La manera de andar, de moverme, de no saber cerrar la boca.
La forma en la que observo, cuando lo hago.
Todo eso lo sabéis.
¿Qué más tenéis? Yo os lo diré: nada. No sabéis nada.
Como un mal cuento, contado por un juglar que no sabe todo lo que hay que saber, y que inventa distintos adornos para embellecer su relato.
Un nombre. Sí, conocéis un nombre, y puede, incluso, que hayais llegado a atisbar a quien se esconde tras ese apelativo.
Pero, ¿conocerlo? Yo creo que no.
¿Por qué todos lo intentan solo tres segundos? Probad con tres minutos. Pénsadlo, sigue siendo poco tiempo, ¿qué podéis perder?
¿Por qué todos se empeñan en decir conocer algo que ni siquiera se han preocupado en descubrir?


J.L. ...

miércoles, 21 de octubre de 2009

¿Qué más?

Y no pareces darte cuenta de que mi razón de ser es tu sonrisa,
que me roba la cordura a la que gustoso dejo marchar.
Que buscando tu mirada me perdí en tus ojos y no sé regresar.
Que cada palabra la atesoro donde solo yo la pueda hallar.
Que tus labios son poesía que recitaría sin cesar.
Que ya no tengo vida porque te la quisiste quedar.
¿Qué más quieres, mujer? ¿Qué más te puedo dar?


Z.V.

martes, 20 de octubre de 2009

Jamié Buckland


Todas las mañanas, cuando el sol despierta, Jamié también lo hace. Apenas parecen abiertas las calles, las sombras aun son dueñas de sus rincones y el silencio se calla ocasionalmente cuando un grillo canta.
Jamié Buckland se pone manos a la obra. Sale de su hogar sin prisas y se dirige a los jardines de palacio. La niebla baja que cubre Ushâr durante las noches frías comienza a despejarse, casi creando caminos para permitir al joven su paso.
Nunca va excesivamente arreglado. Su indumentaria consta de unos pantalones verdosos y una larga chaqueta marrón que cubre una camisa blanca, unas botas oscuras y unos guantes. Lo más curioso de él, sin embargo, es su maletín, grande, cuadrado y de diversos colores, como si alguien hubiera salpicado un pincel sobre él repetidas veces.
No puede evitar mirar todo cuanto hay a su alrededor. Adora las calles llenas de gente paseando, niños jugando y parejas susurrándose secretos al oído. No obstante, Ushâr duerme cada mañana cuando él comienza a caminar y la visión apagada de la tierra que tanto ama se vuelve mucho más inquietante, hace que sus tripas se revuelvan y que sus ojos se posen en cada detalle.
Y como cada día, antes de llegar a su destino, se vuelca en su afición, que no es sino hacer dibujos en las ventanas, utilizando el vaho como pintura y los dedos como pinceles. Después, contento del trabajo realizado sobre los cristales, prosigue su pequeño viaje hasta llegar a palacio.
Cruza el puente levadizo que siempre se encuentra bajado y que, de no ser por sus enormes cadenas, parecería flotar sobre el inmenso lago que descansaba bajo su dominio.
Un chico y una chica que van cogidos de la mano, se sueltan inmediatamente, avergonzados, cuando se cruzan con él. Jamié esboza una sonrisa a modo de saludo al reconocerlos como criados que, al igual que él, trabajan para Sus Majestades.
Algún que otro criado más se le suma al paso, más o menos deprisa y más o menos cargado de cualquier cosa, bien una cesta de mimbre apoyada en la cadera, o tirando de las riendas de algún caballo.
Finalmente llega al fantástico arco de piedra gris que enmarca una imagen que bien podría ser un maravilloso lienzo, dibujado por el mejor de los artistas.
Desde la entrada solo se alcanza a ver una ínfima parte de los jardines que rodean el castillo. Se acerca a la primera de las flores que encuentra, la observa de cerca y le susurra algo, tras lo cual sonríe.
Se quita la chaqueta y la aparta a un lado, lo mismo hace con los guantes. Luego abre el maletín, que no guarda sino una variopinta recopilación de colores dispuestos a ser usados.
Mueve los dedos repetidas veces, como si estuviera efectuando un calentamiento previo a su labor, y coge el pincel, cuya punta revisa y acaricia con las puntas de índice y pulgar antes de ahogarla en la superficie de un verde intenso.
Así comienza su tarea. Pinta sobre los pétalos y tallos de cada hoja y cada flor, dándoles color, dándoles vida y obligándolas a desperezarse ante el inicio de un nuevo día, lleno de tantas posibilidades como cabe imaginar. Les cuenta secretos que escucha, que considera divertido y que se quedarán a salvo con sus pequeñas y grandes confidentes y a medida que el día transcurre, el sol roba poco a poco el color que Jamié ha depositado sobre sus maravillas. De tal manera que al caer la noche de nuevo, todas se encuentran bien tapadas y dispuestas para dormir y soñar con el azaroso color que las vestirá al día siguiente.

lunes, 19 de octubre de 2009

Cadáver

Sí, un cadáver. Frito, cocinado al vapor, cocido... ¿qué más da? La cosa es que está muerto.
Y, ¿todo por qué? Si al fin y al cabo, que yo sepa al menos, él no hizo nada. No sé qué van a hacerme a mí, jajajajaja...ja.
No lo entiendo. Era un puñetero monitor de gimnasio, hormonado hasta las trancas y con pintas de repartir más ostias que un cura. Sin embargo tiene el cerebro... ¿cómo ponía en el periódico? Ah, sí, LICUADO.
¿Me explica alguien como se le licua el cerebro a una persona? Esto cada vez se parece más a un puñetero capítulo de “Expediente X”.
En fin, supongo que da igual. He dado a Jack por muerto pero no creo que sea posible. Seguiré metiendo la cabeza, con cuidado, porque no parecen tener el más mínimo reparo en cortarlas.
Es increible. Pienso en frío. No sé como es posible esa entereza... ¡qué cojones entereza!, inhumanidad, frialdad... no sabría como describirlo.
¿Es que ese hombre no tiene ningún tipo de sentimientos? No es precisamente normal, ¿no? Cuando lo ves en las películas te parece tan lejano e imposible que incluso te ríes con los chistes que a menudo suelta el más malo de los malos. Pero cuando lo tienes delante... cuando el más malo de todos esos, el super mafioso, o lo que narices sea... está delante tuya, la cosa cambia. El corazón se te sube a la garganta e intenta salir corriendo. Eres una jodida muñequita entre los brazos de un niño que te puede descabezar si le apetece. Y lo mejor es que no puedes hacer nada. Porque si lo haces estás jodido. Porque si lo haces eres historia.

McD. Sarah

lunes, 12 de octubre de 2009

Más y más recuerdos

Solo son trozos de papel, ¿no? En su defecto, imágenes en el ordenador.
No deberían importar lo más mínimo. Simplemente tendrían que permanecer ahí, y sin embargo no se conforman con eso.
Y se miran, una y otra vez. Algunos las archivan en libros de hojas transparentes, otros las cuelgan en la pared, se pueden llevar en la cartera, en las carpetas...
Es como robarle un pequeño momento al tiempo y guardarlo para siempre, por si la memoria flaquea.
Recuerdan nimiedades como...
Aquellos momentos que quizá olvidamos.
Esa noche, y porqué nos reíamos tanto.
Aquel beso, ese escalofrío en la espalda.
Esa carrera hasta el autobús, para llegar a tiempo al cine.
Porqué nos manchamos los zapatos de barro.
Porqué nos abrazábamos...

Recuerdos que a veces duelen.
A veces se hacen odiar.

jueves, 8 de octubre de 2009

Personas de colores


A menudo paseo por este mundo lleno de grises. Recorro sus calles, busco en sus rincones y observo las pisadas que la gente deja sobre la acera.

A veces no puedo evitar sorprenderme con cada paso que me hace avanzar o retroceder en el camino. Los tropiezos hacen que me plantee rendirme, pero al alzar la cara, las sonrisas de los demás me levantan.

Y sigo caminando. Una mujer recoge a su niño del suelo, que ha caído de culo y hace pucheros, pero que tras un leve tirón de los brazos, continúa su paseo como si nada hubiera ocurrido.
Eso sí que es ser valiente. O ignorante, quizás. Me fascina.

Un par de abuelitos van cogidos de la mano y se sientan en un banco, ella se apoya sobre el hombro del anciano, y él sonríe.

Avanzo un poco más y la cosa cambia, una pareja discute, él se quita la alianza del dedo y se la tira a ella a los pies. Luego se va, sin mirarla, y la deja llorando, inmóvil.

Sigo adelante y cruzo una esquina, me aproximo a la carretera y veo a dos hombres gritándose, uno de ellos intenta lanzarle un golpe al otro. Nadie interviene, a la gente no le importa o tienen demasiado miedo.


Lo bueno, es que en un mundo de grises siempre hay personas que te sorprenden. Personas que llevan en los ojos el color que le falta a las sonrisas de los demás.

Personas de colores, al fin y al cabo, que hacen que las cosas sea un poquito más fáciles.

domingo, 4 de octubre de 2009

Cobarde.

Eso dijo: cobarde.
No sabe hasta qué punto él es valiente. No tiene ni idea. Pero es más fácil decir "cobarde" y quedarse después en silencio.
Cobarde es tener que pelear cuatro contra uno. Cobarde es no saber decidir. Cobarde es retroceder veinte pasos...

Pero él no.

Dios... cómo siento no ser valiente. Cómo siento no saber estar ahí.
Pero lo intento, te prometo que lo intento... Gabriel.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

What about now?

Porque no puede ser. Es imposible.
Porque no sé decirlo con palabras, porque parezco absurda por seguir pensando “¿por qué no ahora?”
¿Por qué no dejar de llorarte sin lágrimas, de gritarte en silencio, de quererte con miedo?
Porque no. Por ti y por mí. No puedo. No debo.

Ahhhh!!...

Recuerdos que guardé bajo la cama en un arcón que llama a gritos a su pequeña dama de hierro. Caricias que se quedaron atrapadas entre las sábanas.
Palabras cuyo tiempo pasó y que aun así parecen afanarse por mantener su valor.
Reglas que se quebraban, junto a la voz.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Aprender

Desde hace muchos años se empeñan en educarnos en cosas fundamentales. Matemáticas, biología, química, literatura...
Durante toda la vida nos piden una preparación que hemos de tener para poder seguir aprendiendo. No puedes llegar a cursar una Educación Secundaria sin una Primaria, ni un Bachiller sin una Secundaria... y así sucesivamente.
Por que es así. Pasamos los días, desde nuestra infancia, de una clase a otra, de un pupitre a otro, conociendo nuevas personas con distintos puntos de vista. Y a medida que crecemos nos damos cuenta de que poco a poco se va terminando la época de jugar con muñecos, de dibujar mundos diferentes que nadie más que nosotros entiende.
Día tras día los parques están más abandonados, los columpios más solos. Los niños crecen igual de ignorantes que si no hubieran dado todas esas clases.
Y es que a pesar de todo nunca nos enseñan una lección sumamente importante: se les olvida decirnos que podemos ser serios, pero no olvidar sonreír, que podemos crecer, pero no dejar de soñar.
En ninguna clase, o asignatura, nos cuentan que hacer eso es no haber aprendido nada.

Atreverse a crear, a soñar, a sentir, no es ser un crío o infantil. Simplemente es no resignarse.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Por...

Gracias por enseñarme las sonrisas escondidas. Por encontrar la paz en los rincones ajenos.
Por saber preguntar cuando es preciso. Por la paciencia.

Gracias por arriesgar. Hoy soy un poco más persona.

sábado, 19 de septiembre de 2009

Hoy sí

Hoy puedo ver el cielo con todas sus estrellas.
Hoy revolotean a mi alrededor hadas que bailan con luciérnagas.
Hoy la noche es un poco más íntima y sincera.
Hoy me abrazo a los escombros del querer soñar.
Hoy sé que puedo.

jueves, 17 de septiembre de 2009

8

Mis manos temblaban. Casi era incapaz de percibir el entorno, los grandes o pequeños detalles que colmaban la habitación. Todo era difuso a nuestro alrededor. Solo estábamos él y yo.
Los abrazos llevaron a los besos y éstos, a su vez, a las caricias, que pasaron de ser superficiales a tornarse más y más íntimas.
Dios... me sentía totalmente perdida. No sabía qué tenía que hacer... si es que tenía que hacer algo concreto y premeditado.
"Imagina que es un baile". Esas habían sido exactamente las palabras de Queen. Sin embargo no era tan sencillo. ¿Qué tipo de baile? ¿Sutil y tranquilo como un vals, apasionado como el tango...?

Sentía sus manos deslizándose por mi espalda. Es increible que alguien tan frío pueda transmitir tanto calor. De vez en cuando algún que otro pensamiento me asaltaba, pero se veían irremediablemente reemplazados por un cúmulo de sensaciones totalmente desconocidas.

No sé si lo dije o no... Quizá solo fuera un grito silencioso lanzado al vacío.
No sé si te lo he dicho o no... Pero te quiero... sí... te quiero...

domingo, 6 de septiembre de 2009

Pos pa ti!


Hoy no voy a escribir nada bonito, ni poético, ni con palabras más o menos rebuscadas.

Hoy simplemente me he levantado con ganas de dedicarte ésto. Puede que lo leas o no, y si lo haces, quizá decidas dedicarle unos minutos de tu tiempo.

¿Cuántos años? Diría que muchos, y los que te quedan xD. Que no nos veamos más que de peras a castañas, no significa que no me acuerde de ti o te eche de menos. Hay pocas personas con las que los largos silencios no incomoden y, ¿sabes qué? Eres de esas pocas.
Hay que reconocer que te prefiero hablando y diciendo chorradas, xD, para qué mentir. En este tiempo he atesorado días, recuerdos, sonrisas, instantes que compartimos a hurtadillas del resto del mundo y que hacían que los días se volvieran un poquito más especiales.

Todas esas cosas las guardo en mi baúl. Ya... ya, yo poniéndome ñoña, sé que es raro xD. Pero, ¿quién me conoce mejor que tú? Sabes que a veces soy tremendamente absurda y empalagosa, pero me aguantas de todas formas.

Tendría que escribir muuuuuuucho y serviría de poooooooco. En resumen, hoy me he levantado con ganas de decirte que te quiero, pequeñaja, y que sigo estando aquí, ahora y siempre.

Hay cosas que no cambian ^^ Y me alegro de poder tenerte cerca, energúmena.

martes, 1 de septiembre de 2009

Plof.


Lo pensé mil veces, un paso hacia delante y dos hacia detrás. Miré a mi alrededor y ellos estaban espectantes, aguardando. La brisa, apenas existente me acariciaba el rostro. De fondo se escuchaba el agua del río agitarse. Pero si no lo hacía, me arrepentiría, estaba segura... y eso sería peor.


Miré hacia abajo intentando de forma inútil medir la distancia, cosa que, por cierto, para poco iba a servir. Si había cinco metros desde donde estaba hasta el agua, los seguiría habiendo aunque saltase, eso no iba a cambiar.


Calma, concentración. Parecía que estaba haciendo un examen... Quien lo diría.

Pero al fin, salté, y ocurrió algo que ni siquiera me había parado a pensar.


Como si se tratase de una cámara lenta, el mundo fue pasando despacio a mi alrededor. ¿Alguien ha visto Alicia en el País de las Maravillas? Tenía la sensación de ir cayendo por ese túnel oscuro donde todo sucede a una velocidad demasiado lenta.

Daba la impresión de que el aire ahora si que podía tocarme y como si así lo hiciera, conseguía que el corazón se me subiera a la garganta. Era increible porque, antes de llegar, no me dio tiempo a pensar en nada, a pesar de que seguro que podría recorrer toda una vida de recuerdos en esos segundos que para los demás se hacen efímeros. ¡Pero sí! Durante breves instantes fui ajena al tiempo que pasaba, aunque el reloj continuaba su marcha.


Fue entonces cuando rompí la superficie del agua, pasando a formar parte de una nube de burbujas frías que me rodeaban y amortiguaban mi descenso, casi como si tuvieran vida propia.

Moví los brazos y las piernas para impulsarme hacia arriba mientras mis oídos recibían sonidos lejanos, casi ecos de lo que estaba sucediendo fuera. Saqué la cabeza del agua, donde volví a recibir en mis pulmones el aire del que me había privado durante varios instantes.


Y volví a hacerlo. Volví a querer parar el tiempo. Volví a caer.

lunes, 31 de agosto de 2009

Su nombre

La lluvia comenzaba a hacerse más y más fuerte. El viento casi quebraba nuestros brazos, que sostenían lo único que podía salvarnos la vida. Contra aquellas bestias poco había que hacer. Eran muchos bichejos, nosotros solo doce.
Poco a poco vi caer a los míos, sus rostros se me antojaban eternos en la memoria. Parecía que me concedían palabras de ánimo cada vez que el filo de mi arma traspasaba un caparazón de quitina.
Un golpe, otro, y otro...
Algo me golpeó en la cabeza y caí al suelo. Sentí mis rodillas clavarse sobre la tierra mojada y algo de barro me salpicó en la cara. Retiré el cabello que cubría mis ojos utilizando el dorso de la mano y luego me apoyé en el suelo para levantarme. Inmediatamente tuve que esquivar a una de esas cosas, que se me venía encima.

Alcé la vista y contemplé la situación. Mi sonriente compañero parecía mostrar esa mueca en su rostro ante cualquier tipo de infortunio.
Algo turbó mi pensamiento. Vi caer su cuerpo al suelo tras recibir un fuerte tajo de parte de un engendro.
"No..."
Corrí. Corrí como nunca antes había corrido y creí que los pulmones no podían proporcionarme más aire. Pero no necesitaba aire, solo fuerzas, fuerzas para llegar hasta él y cuando lo conseguí me dejé caer de rodillas. Apoyé su cabeza sobre mi regazo.
El sonido del acero lo inundaba todo, pero se fue volviendo más y más sordo a medida que los segundos transcurrían despacio.
- Está bien, tranquilo... no pasa nada. Estoy aquí... estoy aquí... - tenía las manos llenas de sangre y barro y le acaricié el rostro con pulso tembloroso.
- Ya está, así acaba, ¿no? - esbozó una sonrisa
- No te vas a morir, ¿está claro? Porque si te mueres te juro que iré a por ti, no importa donde...

Llevó uno de sus dedos a mis labios, casi sin tocarlos, haciéndome callar. Las lágrimas comenzaban a hacerse patentes y no pude contener la mueca de dolor.
- Ahora levanta y sigue adelante... como has hecho siempre... - cerró los ojos, desvaneciéndose, y su mano cayó inerte sobre la tierra.
Le abracé fuertemente, lo que ocurría a mi alrededor carecía de importancia.
- ...¡Te quiero!

El sudor y las lágrimas habían empapado el lecho donde hasta hace poco soñaba. Abrí los ojos en mitad de la oscuridad y no pude evitar lanzar un nombre al vacío.
- Isaac...

miércoles, 26 de agosto de 2009

Acero templario


Alguien me dijo una vez que hay cosas que nunca mueren, alguien me dijo hace mucho tiempo que hay cosas que son para siempre... entonces no comprendí a que se refería, pues nada es eterno... Sin embargo, me equivoque, hay algo que perdurara siempre, por encima de todas las cosas, mas allá del tiempo y del espacio y ese algo son los recuerdos, los recuerdos que nunca perderé de aquellas tardes de verano calentando el acerco de las espadas al sol mientras nuestras gotas de sudor adornaban el suelo y nuestras risas ponían la banda sonora al entorno...Gracias.

viernes, 21 de agosto de 2009

Mejor guardar silencio.


Si no sabes nadar, ¿por qué te tiras a la piscina? Es absurdo.

Un segundo. No hizo falta más y no quiero volver a repetirlo.

Un segundo... Fue el tiempo necesario para que me sintiera igual de ¿estúpida, miserable? No sé si serían los adjetivos adecuados.

Como ellos, exactamente igual que ellos.




No tiene la razón quien más alza la voz. Eso ya se sabe... y aun así, se grita.




¿Qué haces si se te manda callar? ¿Y si se te manda obedecer?... ¿Y si lo que te ordenan es morir? Algunas veces los tres mandatos van cogidos de la mano. Aceptar el primero es aceptar el segundo, y en la mayoría de los casos concluye con la tercera de las órdenes.

Hay personas que sirven para gritar, las hay para callar. Luego están los valientes, los inconformistas, que no se dignan a quedar ni en un bando ni en el otro. Los que se niegan a morir, de cualquiera de las maneras.


Ese último no es tu bando. Así que guarda silencio.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Imposible

De ilusiones, de sueños, fantasía... de imposibles. Sí, esos cuatro días vivimos de imposibles.
Porque es imposible cortar la comida con esos cubiertos de plástico, es imposible que nos acostemos antes de las cinco de la mañana, que a cada paso no podamos dibujar una sonrisa, que no haga frío al salir de esa tienda de campaña. Es imposible que no nos agolpemos en las duchas cuando cae la noche, que no esperemos mil horas en una cola para no conseguir nada. Es imposible no reirse, no imaginar, no querer volver... Pero lo peor de todo es que es realmente, francamente, sencillamente imposible no echar de menos a quien comparte contigo unas tierras que no son de nadie sino de quien se esfuerza por soñar con algo distinto, de compartir momentos que se guardarán durante el tiempo necesario hasta volver a abrazar esos días efímeros.
Surcando mares, cruzando desiertos, hablando en clase, dándonos a los placeres de la carne, retornando a tiempos pasados donde los héroes hacían leyendas...
Gracias por las aventuras que nos quedan por vivir.

martes, 4 de agosto de 2009

Oportunidad.

Piensas que quizá no sea esta la situación, ni tampoco el momento adecuado. No importa en absoluto. Pasará de largo. Otra vez. Como ese suspiro que escapa de labios ajenos, y que aun codiciándolo no podemos atrapar. Se escapa entre los dedos.
Como el aire, de los pulmones. Algo voluntario e involuntario al mismo tiempo. Querer puede más que poder.
¡Pero ahora sí! ¡Tienes tiempo, hazlo! No mires a tu alrededor, no desaproveches la oportunidad, quizá tarde mucho en volver a ocurrir. No la despidas con la mano mientras pasa de largo!
No es prudencia. No es esperanza. Es estupidez, y punto.

Cuando cae la noche.

Silencio. De forma peremne, absoluta, casi inquebrantable.
Me asomo a la ventana para contemplar los pasos de alguien que se pierde en la distancia, al girar una esquina o bajo la sombra ocasional de un árbol.
Susurros que hacen cosquillas a la oscuridad de rincones ajenos.
Porque solo cuando la noche es más intensa las sonrisas se tornan sinceras y las palabras dejan puntos suspensivos tras de sí.
Y el papel vuelve a ser mi mejor confidente cuando la piedra cobra vida, cuando sin saber qué decir la pluma sangra por mí.

miércoles, 8 de julio de 2009

Mentes pensantes

Cada día estoy más cerca y más lejos de encontrarle... Parece que Zilas y Márquez, o quienes sean realmente las mentes pensantes de esto, disfrutan de lo lindo confundiendo las nuestras.

Diego y Daniel cada vez se coordinan más. Primero ninguno de los dos hablaba, después empezaron a hacer buenas migas... y ahora parece que tienen una competición por ver quien le parte antes la cara a qué cabo.
No creo que se paren a pensar en quien da la cara por ellos y ante quien...

Gabriel empieza a cansarse. El peso de esos galones podrían equipararse al mundo sobre los hombros... y yo no sé como ayudar.

Demasiados interrogantes, supongo. Y pocas respuestas... tan pocas que cuando tenemos una no sabemos si es veraz o no.

Tenemos ahora un permiso... ¿un permiso para qué? ¿Para que nos relajemos? Ya han dejado claro que sus ojos llegan hasta el fin del mundo...
Ya han dejado claro que sea lo que sea que hagamos, se saldrán con la suya.

lunes, 6 de julio de 2009

Negación

- Señor... - el caballero más parecía un mercenario que un soldado. Su voz era firme y su mirada lo examinaba todo concienzudamente.
- Gorke... acérquese - su superior le miraba fijamente, con una sonrisa sesgada en los labios mientras descendía unos pequeños escalones de piedra - Supongo que sabes ya donde están destinados, ¿no?
- Estoy seguro de que cumplirán perfectamente con lo mandado. Destacarán más que de sobra entre los demás.
- ¿Los... demás? No, no, no... Gorke, su misión tiene que ver con La Iglesia... con los Engels... - su sonrisa se acentuó aun más.
- No volveréis a mandarlos a un sitio semejante. No otra vez, señor.
- ¡No hay nada que podáis hacer! - bramó, haciendo que su voz retumbase en cada rincón de la enorme capilla - Las órdenes son las órdenes. Y tú estás aquí para acatarlas... De modo que les dirás a t...
- Decídselo vos mismo - su voz mantenía el mismo tono, pero su mano tembló cuando dejó caer la insignia de Templario Negro que colgaba de su pecho, al suelo.
- ¿Cómo? - preguntó, incrédulo
- ¿Acaso encima sois sordo? No pienso volver a mandar a mis chicos a una misión suicida. Si quereis su muerte, ya que no puedo hacer nada desde mi posición, lo haré desde otra... Y os aseguro que la mano de la Iglesia no me acompañará esta vez.

Se hizo el silencio durante segundos que parecieron horas.

- Tienes un día de cuartel. Si vuelves, asumiré que te has arrepentido de esta conversación... Si no lo haces te convertirás en desertor.
- Un día es tiempo de sobra - se giró y comenzó a caminar con paso decidido, dejando a su antiguo superior tras de sí - ¡Ah! - añadió antes de cerrar la pesada puerta de madera - No me esperéis despierto.

viernes, 3 de julio de 2009

Perdamos...

Perdamos la noción del tiempo. Dejemos que esas absurdas manecillas se vuelvan locas, girando una y otra vez, contando minutos que carecen de importancia.
Perdamos la voz. Dejemos que los versos busquen las palabras adecuadas.
Perdamos el miedo. Que se apague la luz y aun así nos veamos las caras.
Perdamos los nervios. Que tiemble el alma.
Recuperemos los silencios. Que los suspiros vuelvan a bailar.
Mientras tanto, cantaré una nana para acunar las caricias.

lunes, 29 de junio de 2009

Mar en calma

Todo estaba en calma, demasiado tranquilo.
La playa, desierta, nada perturbaba la paz de las olas.
La arena lloraba.
El agua no la acariciaba.
¿Mar en calma?
Yo no lo creo.

Comodidad

Se acurrucó entre las sábanas. Hacía calor pero necesitaba la sensación de sentirse arropada. Bajo su brazo izquierdo dormitaba, con los ojos despiertos, una rana de peluche.
La conversación que mantenía al otro lado de la línea se hacía cada vez más interesante. Su compañero de tertulia estaba más cerca de quebrarla de lo que quería, así que intentó eludir el tema que éste le proponía, aunque en el fondo algo le decía que no quería alejarse del mismo.

Cierto es que a veces los silencios dicen más verdades que las pocas palabras. Sin embargo, ¿por qué algunos permanecen ajenos a ellos? Quizá porque sea más sencillo que intentar descifrar una adivinanza que solo se menciona una vez, y que no se permite escribir o fotografiar.

Y si los silencios pudieran hablar preferirían mantenerse callados.
Las miradas se pierden en caminos que no tienen final.
Las sonrisas, en cambio, se acostumbran a soñar con cuentos de finales felices.

lunes, 22 de junio de 2009

Payaso triste

- Mamá, ese payaso parece triste
- ¿Por qué, cariño? ¿No ves cómo sonríe?
- Su boca está pintada de blanco y rojo, y su cara de colores... ¡sí! Parece que sí sonríe... pero mamá, ¿entonces el payaso nunca tiene derecho a ponerse triste?
- Claro que sí
- ¿Sí? ¿Y cómo lo sabré?
- Mira en sus ojos, las lágrimas despintan la pintura de su rostro...


El payaso puede estar triste. El bufón quizá se eche a llorar. El mimo, aunque no hable, grita.

Grita.

jueves, 11 de junio de 2009

miércoles, 10 de junio de 2009

De caídas...

Gira a la derecha. Ahora a la izquierda. Coge el segundo pasillo y cruza el umbral de la puerta. Desciende las escaleras. Salta el último peldaño. Camina despacio. Aligera el paso. Corre. Más deprisa. Más deprisa. ¿Te caes? Inútil...
¿A que no te has hecho daño? Levántate y sigue corriendo.

Como a Pandora

Se abre el baúl de las sonrisas,
dejándolas huir cuando la confidencia desaparece.
Cuando quien se cree verdugo, por serlo, crece.
Cuando el juez dicta sentencia, ignorante,
cuando es traidor quien fue amante.
Cuando la mirada vaga por desiertos de sal
sin que nadie la consuele o ayude a caminar.
Se escapan las sonrisas,
el viento las persuade con caricias.
Caricias que a la risa mantiene embalsamada...
mientras lo peor es que a nadie le importa,
que nadie hace nada.

Saurom

http://www.youtube.com/watch?v=rg5z94DpB1s

Esta es la historia de tierras lejanas, de encantos y fantasías, donde los mundos y los inframundos vivían en armonía...

viernes, 5 de junio de 2009

Pero...

- Pero, ¿cómo es posible? Es estúpido, tímido, habla menos que una piedra, no es nada... turbador... jajaja... ¡Y sin embargo cabe decir que sabe hacer reír sin articular palabra, regañar sin alzar la voz y atraer con una mirada! ¡¡Me pone de los nervios!!
- ¿Otra vez hablando sola? - rió el joven templario
- Déjame en paz... Oye, ¿tú cómo le entiendes?
- ¿A él? No hay mucho que entender, simplemente observo, creo... y tu problema es que le observas demasiado - las carcajadas retumbaron en los oídos de la temperamental guerrera
- Sois... sois... ¡hombres! ¡Precisamente! ¡aeoirhganoszlfjewiulahofnjkds...! - se marchó, refunfuñando
- Sí, pero en el fondo te encanta - sonrió y dio un largo trago al vino.

jueves, 4 de junio de 2009

Cerca del alba

- Lo siento... me dormí... - dijo mientras remoloneaba
- Tienes un sueño plácido - susurró besándola en la frente - ¿Puedo preguntar con qué soñabas?
- ¡Eh! ¡Eso es privado! - le sacó la lengua, burlona
- Tanto como lo es una caricia o un beso, y aun así los compartes conmigo...

El alba era como un maldito reloj despertador al que no se le pueden pedir cinco minutos más.

sábado, 30 de mayo de 2009

Ausencia

¿Hola?
El silencio respondió con una sonrisa sesgada.
¿Qué hay cuando no hay nada?

martes, 26 de mayo de 2009

Minutos

Rogando.
Suplicando.
Soñando
con robarle minutos al reloj.
Minutos que nunca son suficientes.
Minutos que pasan de largo
saludando con la mano alzada.

sábado, 16 de mayo de 2009

Cortejo

El viento... él solo arrastra melodías perdidas de quien una vez compuso versos en forma de clave de sol.
Toca el flautista su instrumento. Las notas se deslizan enredando los cabellos.
Inventa canciones para cortejar a la música. Sonetos con rima o sin ella, pero siempre con sentido, y sobretodo, con sentimiento. Los arroja desde el balcón de su alma, esperando que lleguen a su dama.

miércoles, 13 de mayo de 2009

¡Nervios, tensión!

Parecía tan lejano... pero el día había resultado estar más cerca de lo que cualquiera de nosotros podía imaginar.
Sin embargo allí estabamos. Cambios de última hora, vestuario, peluquería, maquillaje... ¡texto! Habíamos ensayado por última vez y el final estaba algo... no, algo no, bastante verde.
Ya no sabía donde meter los nudos que tenía en el estómago, creo que estaban compitiendo con los de la garganta, jugando a ver quien puede más.
Diez minutos. “¡Vamos! ¡Deprisa, un último ensayo del texto!”, decía Antoine. ¿Cómo podía estar tan relajado? Él sabía que saldría bien, no sé cómo.
Esos instantes volaron. Nos llamaban. Ya nos tocaba.
Cuando llegamos tras el fondo del escenario, aun estaban terminando de darles una charla a los pobres mártires que no se enteraban de la misa la mitad. Ya se escuchaban voces al otro lado del telón. ¡Estaban ahí, para vernos a nosotros! Resultaba increible.
Mis manos temblaban, mis rodillas, mi cuerpo entero parecía una batidora.
Entonces fue cuando tuvo lugar uno de los momentos más inolvidables que viviré jamás.
Nos cogimos todos de las manos, colocándonos en círculo cerrado y Manu anunció que cerrásemos los ojos y que respirásemos profundamente.
“Hoy esos niños esperan que les hagamos pasar un buen rato. Unas risas, algo de acción... Eso está en nuestra mano, y no podemos decepcionarles. Porque hoy no vienen a vernos a nosotros, no. Lo que esperan encontrarse es a nuestros personajes, no a quienes los llevan. Si esto no sale bien, nos caemos todos y si funciona... habremos conseguido lo que queríamos. En cualquier caso, mucha mierda a todos... ¡ah! Pero no olvideis algo. Divertíos, sobretodo, disfrutad o ellos no podrán hacerlo.”
Abrimos los ojos. Esos segundos, ese leve instante de paz había conseguido serenar los nervios de todos. Una sonrisa se dibujaba en nuestros rostros. Unimos las manos y las alzamos. Había llegado el momento.

Mundo de sueños

El día de hoy ha marcado un antes y un después. ¿Dónde? En todo. En mi vida, en mí como persona... La lección que he aprendido nadie nunca jamás podrá hacer que la olvide.
Una sensación de unidad, de cohesión, de... de tener una familia fuera de tu hogar. De que un montón de personas totalmente distintas, cada uno con sus puntos de vista, sus más y sus menos, sus defectos, sus virtudes... pueden llegar a fusionarse para hacer magia. Para hacer teatro.
Es sencillamente increible pensar que no conoces a alguien de nada y te abre los brazos invitándote a que lo hagas, a que formes parte de esa gran familia.
Esto puede parecer una moñada, y de hecho quizá lo sea, pero no me importa.
Hace justamente un año fui, de improviso, a ver una obra de teatro al Cervantes y cuando estaba sentada en aquel palco miré a mi prima, a quien tenía delante y le juré que el año que viene yo estaría allí abajo, en el escenario. Y he cumplido.
Verlo desde fuera es tan distinto, tan... simple.
Supongo que se resume en que ves una representación, te lo pasas bien, echas unas risas y luego para casa.
Cuando estás dentro, viviendo cada momento, lo sientes de otra forma.
Los ensayos, tantos días para repetir una y otra vez el mismo texto y los mismos bailes que sabíamos que al final Antoine cambiaría. Esas carcajadas que resonaban a cientos en el Santa Rosa de Lima cuando alguien se equivocaba o algo salía bien. Las carreras entre los asientos, las prisas de última hora. Los olvidos de nuestro querido dire...
Para mí no eran simplemente miércoles. Eran días de terapia, de sacar esa sonrisa que se hace imposible durante el resto de la semana. Saber que cualquier aventura te puede estar esperando cuando entres por la puerta del lugar de ensayo y que dejarás de ser quien seas para ponerte al servicio de tus compañeros y de Antoine. Saber que ellos te van a hacer viajar con un arma que todos tenemos y muy pocos usamos: la imaginación.
Y entonces llega el último día. Donde los nervios te atacan y la impaciencia te consume.
Llega ese momento en el cual miras a los demás, a esa pequeña familia que se ha ido haciendo más y más fuerte con los días, y sientes la complicidad, sientes que no puedes fallar si ellos están cerca y que aunque lo hagas, todos estáis juntos, no importa.
Todos con ese nudo en el estómago. El telón se abre y preguntas para tus adentros “¿ya?”. La primera escena transcurre y el escenario te acoge, como si hubieras pasado la vida en él.
La luz se oscurece antes de la segunda entrada y ya escuchas a la gente reir cuando está dispuesto. Nos miramos. No hace falta hablar. Está saliendo bien.
Disfrutemos y hagámosles disfrutar. Ellos se lo merecen, y nosotros también.
No hay nada que decir excepto... ¡magia!
¡Gracias por todas y cada una de las enseñanzas más o menos personales. Por ser como sois y por contribuir a hacer los sueños más y más grandes!

martes, 5 de mayo de 2009

Coleccionista de Gestos


Suspiros.
De esperanza, desasosiego,
de altos en el camino.
Ya no suspiro, amor.
No puedo si no es contigo.

Sonrisas.
De alivio, cómplices,
pausadas, deprisa.
No sin ti.
Sin ti se esfumó la risa.

Miradas.
Quienes antes decían todo
y ahora no cuentan nada.

domingo, 19 de abril de 2009

Pensadlo!

Pero paraos un momento a pensarlo... Son nuestras grandes aliadas: las estanterías.
Sirven, en ocasiones, para apoyarnos. En ellas colocamos libros que tarde o temprano nos servirán, llenos de datos, experiencias, consejos... Aunque por suerte o por desgracia se mantienen más o menos polvorientos.
Son nuestras confidentes, esconden aquellos pequeños secretos que mantenemos ocultos detrás de todos los objetos que quedan a la vista: números de teléfonos en un minúsculo pedazo de papel, unos pendientes, alguna foto perdida...
Pero ellas también se cansan, ¿no? ¿Alguien se para a pensar eso? También necesitan mimos, que las limpien y las cuiden pues, aunque no hablen, en el fondo lo están deseando para poder seguir siendo útiles.

domingo, 12 de abril de 2009

Alea Jacta Est

Lucha sin cuartel en esta guerra de vanidades donde la suerte se jacta de mí.
Los velos que tapan rostros se mantienen fieles a ellos. El telón se descubre. Es curioso ver a los actores que interpretan esta noche.
En un escenario macabro donde cada palabra y gesto son un papel asignado o elegido... ¿qué más da?
Una frase tras otra que se pudre en labios ajenos. Escupen la ponzoña como serpientes de cascabel, que a cada paso avisan de su llegada.
Con cada punto y aparte, la mentira avanza, se hace fuerte, poderosa...
Las comas la convierten en algo sucio, tan vacío y asqueroso como quien la enuncia.
Los puntos suspensivos crean el suspense del final, donde los nombres que aparezcan en los créditos aun no están claros.

martes, 7 de abril de 2009

Sin salida

Las uñas se clavan en la piel. Tiemblas. Lloras. Frío... miedo... Ya están aquí. Se ríen. No hay escapatoria.

martes, 31 de marzo de 2009

Lecciones

Al principio, es complicado. No logro hacer coincidir los engranajes, no comprendo el mecanismo que la produce. Poco a poco me voy haciendo a la idea. La dibujo de mil formas distintas, con pensamientos cercanos y opuestos, enfrentadas y amigas, confidentes, cómplices.
Muchas nunca se lucen, otras se pierden en la oscuridad de la noche. Se cobijan entre sábanas de papel. Algunas se sueñan, se trazan y no se terminan, quedando bocetos a medio hacer, sin luz ni color, sin motivos ni porqués. Otras son las máscaras peremnes de aquel que se niega a llorar.
Al fin, después de mucho tiempo logro entender su significado. Las piezas encajan... y la amargura muere de risa.
Para mí o para otros, qué más da. Pues, ¿quién es más dichoso, aprendiz o maestro?
Todos necesitamos una, aunque sea por los viejos tiempos.
Mis dedos se manchan de tiza, mientras la hago bailar entre ellos. La pizarra espera.

lunes, 16 de marzo de 2009

Cuentos por contar

Parece tan apetecible... como la casita de chocolate, envenenada, engañosa imagen que esconde el horror de un caldero gris.
Pasos de un gigante que se aproxima, me disfrazo de cordero y paso ante la criatura, camuflándome con el rebaño. Busco luego las migajas en el camino, pedazos de pan que a niños perdidos devolvieron a casa. No veo nada desde aquí, me siento como Pulgarcito, pequeña en la inmensidad de un suelo lleno de abismos. No quiere que vuelvas, parece que no te dejará hasta que averigue su nombre, y no... no se llama Rulpenstinki.
Con la música de su flauta encantada nos lleva hasta el río de lágrimas donde nos ahoga. El espejo mágico se niega a responder nuestras preguntas.
¡Malvado Malastrampas!... Pero yo soy Juan sin Miedo, he ido y regresado del Castillo de Irás y No Volverás.
Dentro de poco acabará este baile, Jeppeto.

sábado, 14 de marzo de 2009

Noches, guerras y silencio

Os escribo esta vez a vosotros, para agradeceros todo lo que sin saber hacéis por mí.
A aquellos que velan por mí en noches de viento y lluvia, de calma, de pasos en la oscuridad.
Cuando las sombras sobrecogen mi habitación, ahí estáis, vigilando cada movimiento, guardando mis sueños mientras permanezco ajena a todo cuanto ocurre.
A quienes han sido, son y serán mudos testigos de la desnudez de las palabras. Sé que luchais... ¿creeis que pasáis desapercibidos? Cada noche os acomodo de la misma manera a los pies de mi lecho, y cuando despierto estáis en posturas totalmente distintas... ¿a qué pesadillas os enfrentáis?
Gracias, mis guerreros de ojos fijos, mis mudos compañeros de tertulias, por soportar conversaciones absurdas, llantos reprimidos y abrazos desinteresados...
Gracias, y buenas noches.

lunes, 2 de marzo de 2009

Recuerdos

Recuerdos que se agolpan en los labios de aquel que alguna vez habló, que alguna vez amó. El frío metal que quiebra la voz, silencia las palabras y olvida las promesas sesgando el aire, atravesando el tiempo y el ideal perdido bajo las sábanas del sinsentido.
Recuerdos... felices, taciturnos, marchitos, blasfemos, abandonados... Recuerdos son, al fin y al cabo. Retazos de un cuadro que no se terminó de pintar, esbozos de caminos inacabados, bocetos de pensamientos inconexos dibujados con los pinceles del querer y el no poder.
¿Dónde están los muros que delimitan fronteras?
Y aquí seguimos, como bobos, haciéndonos preguntas estúpidas que nadie va a responder, bajo una lluvia de versos que se estrellan contra el suelo y mueren ahogados én un río de vagabundas sensaciones.

jueves, 26 de febrero de 2009

A ti

A quien no me hará reír, a quien no me prestará su hombro para llorar.
A ti, el de los recuerdos vacíos.
A aquel que nunca abracé, que nunca miré a los ojos mientras me hablaba, a quien nunca escuché. A aquel que no conocí, a quien jamás podrá comprenderme. A aquel que me habló con palabras mudas y sonrió con líneas invisibles. A quien no podrá leer ésto y preguntar.
A ti te lo escribo, a aquel cuyos silencios nunca echaré de menos.

miércoles, 25 de febrero de 2009

Como un despojo

Oscila el pensamiento inquieto entre las sábanas de un burdel.
El tiempo parece retroceder sobre sus pasos, como las huellas que se hunden en la arena mojada.
Se retuerce de dolor y susurra respondiéndose a sí misma. La lágrima se antoja fácil y el suspiro eterno. El escozor de la vergüenza en sus labios gimotea autocompadeciéndose. El pudor de sus manos manchadas con caricias de fuego en la memoria.
Sacudidas de su cuerpo. Maltratada, usada, abandonada. Como un trozo de trapo, desechada.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Columpio de los sueños


Yo lo recuerdo, ¿tú no?
El aire acariciaba mis mejillas y me susurraba aventuras al oido. Viajes imposibles a través de las nubes o estrellas, que casi podía raptar del cielo con mis propias manos. El sol brillaba de una forma tal que no podía evitar guiñarle. Una vez, y otra, y otra... No necesitabamos más.
Mis manos se aferraban a sus brazos, a veces de hierro, otras de cuerda... pero siempre dispuestos a transportarme donde la imaginación anida y se hace real.
De vez en cuando yo vuelvo a ese lugar tan especial, me siento con una sonrisa en el rostro y me preparo para la aventura.
De vez en cuando necesito sentir a esa niña que todos tenemos dentro, porque esos pequeños e insignificantes trozos de madera me hacen sentir especial con cada golpe que propinan mis pies, descalzos sobre la arena o la hierba... con cada vaivén que me acuna, como una madre que narra un cuento a su hijo, esperando a que se duerma y sueñe.