martes, 4 de agosto de 2009

Cuando cae la noche.

Silencio. De forma peremne, absoluta, casi inquebrantable.
Me asomo a la ventana para contemplar los pasos de alguien que se pierde en la distancia, al girar una esquina o bajo la sombra ocasional de un árbol.
Susurros que hacen cosquillas a la oscuridad de rincones ajenos.
Porque solo cuando la noche es más intensa las sonrisas se tornan sinceras y las palabras dejan puntos suspensivos tras de sí.
Y el papel vuelve a ser mi mejor confidente cuando la piedra cobra vida, cuando sin saber qué decir la pluma sangra por mí.

2 comentarios:

  1. Siempre que caiga la noche se encontrarán rincones donde botar palabras, donde anidar pensamientos y donde dejar susurrar momentos

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  2. Porque las palabras son desangrados del corazón, ya de por sí. La oscura cúpula en el cielo quita el encubrimiento de lo mejor de nuestro ser

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Shhh... dilo bajito, que hasta el viento escucha...