La lluvia comenzaba a hacerse más y más fuerte. El viento casi quebraba nuestros brazos, que sostenían lo único que podía salvarnos la vida. Contra aquellas bestias poco había que hacer. Eran muchos bichejos, nosotros solo doce.
Poco a poco vi caer a los míos, sus rostros se me antojaban eternos en la memoria. Parecía que me concedían palabras de ánimo cada vez que el filo de mi arma traspasaba un caparazón de quitina.
Un golpe, otro, y otro...
Algo me golpeó en la cabeza y caí al suelo. Sentí mis rodillas clavarse sobre la tierra mojada y algo de barro me salpicó en la cara. Retiré el cabello que cubría mis ojos utilizando el dorso de la mano y luego me apoyé en el suelo para levantarme. Inmediatamente tuve que esquivar a una de esas cosas, que se me venía encima.
Alcé la vista y contemplé la situación. Mi sonriente compañero parecía mostrar esa mueca en su rostro ante cualquier tipo de infortunio.
Algo turbó mi pensamiento. Vi caer su cuerpo al suelo tras recibir un fuerte tajo de parte de un engendro.
"No..."
Corrí. Corrí como nunca antes había corrido y creí que los pulmones no podían proporcionarme más aire. Pero no necesitaba aire, solo fuerzas, fuerzas para llegar hasta él y cuando lo conseguí me dejé caer de rodillas. Apoyé su cabeza sobre mi regazo.
El sonido del acero lo inundaba todo, pero se fue volviendo más y más sordo a medida que los segundos transcurrían despacio.
- Está bien, tranquilo... no pasa nada. Estoy aquí... estoy aquí... - tenía las manos llenas de sangre y barro y le acaricié el rostro con pulso tembloroso.
- Ya está, así acaba, ¿no? - esbozó una sonrisa
- No te vas a morir, ¿está claro? Porque si te mueres te juro que iré a por ti, no importa donde...
Llevó uno de sus dedos a mis labios, casi sin tocarlos, haciéndome callar. Las lágrimas comenzaban a hacerse patentes y no pude contener la mueca de dolor.
- Ahora levanta y sigue adelante... como has hecho siempre... - cerró los ojos, desvaneciéndose, y su mano cayó inerte sobre la tierra.
Le abracé fuertemente, lo que ocurría a mi alrededor carecía de importancia.
- ...¡Te quiero!
El sudor y las lágrimas habían empapado el lecho donde hasta hace poco soñaba. Abrí los ojos en mitad de la oscuridad y no pude evitar lanzar un nombre al vacío.
- Isaac...
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Hace 2 años

