jueves, 29 de octubre de 2009

Relatos del Juglar I


El cielo comenzaba a vestirse de colores y Celsiorh llevaba ya un par de horas despierto. No podía dormir, no, sabiendo la tempestad que se avecinaba.
Miraba por el mismo gran ventanal por el que tantos días y tantas noches había contemplado Ushâr, atrapado irremediablemente por el encanto de sus calles y la magia de sus gentes.
Era temprano, y ya había mucho movimiento fuera, sobretodo en el patio de armas. Veía a los soldados repetir golpes secos una y otra vez, afilando sus armas para que estuvieran dispuestas para cortar carne y hueso... algunos, incluso, se abrazaban.
Suspiró largamente, impregnando el cristal con algo de vaho y pasó la palma de la mano para limpiarlo, descubriendo en el reflejo que tras de sí se encontraba Tú.
- Señor... ¿habéis descansado? – inquirió el pequeño duende
- Tengo un presentimiento, Tú... – Celsiorh continuaba mirando a través del cristal y su rostro se entristecía por momentos
- Y... ¿es un mal presentimiento? – Tú jugaba nerviosamente con sus largos dedos, entrelazándolos y moviéndolos repetidas veces
- Creo que esto es el fin de una etapa... y el comienzo de una nueva... – el erudito se giró y acarició un mapa estelar que tenía sobre el viejo escritorio de madera – Quiero que pongas los objetos más valiosos de esta sala a buen recaudo, ya sabes cuales son – lanzó a su compañero una sonrisa casi melancólica y éste se comenzó a mover muy deprisa por la habitación, amontonando cosas sobre sus pequeños brazos.
- Celsiorh – una voz suave pero firme sacó al joven de sus pensamientos
Celsiorh hizo un leve gesto con la cabeza a la criatura, la cual salió de la habitación cargada hasta la cabeza de artilugios extraños y algún que otro rollo de pergamino.
- Laune... – sonrió e hizo un gesto al muchacho para que entrase y se acercara.
El chico acudió a la silenciosa petición haciendo una leve inclinación al llegar ante su maestro.
- Todo está siendo cuidado al detalle, señor y...
- ¿Por qué tanta formalidad? – sonrió Celsiorh, cogiéndole el mentón y besándole en los labios
- Ha llegado el momento. No pensé que fuera a escuchar historias de guerra en Ushâr, mucho menos a vivirlas...
- Tranquilo, mantente en tu puesto, en retaguardia. Recuerda que irás ayudando en todo lo que puedas al estratega y al general. No entres en combate, mantente al margen... Te qu...
- Señor... – Tú interrumpió tímidamente en la estancia – Nicholas y Ellyn requieren su presencia
- Desde luego – respondió Celsiorh, firme, y salió de la habitación siguiendo a Tú y conteniendo sus emociones.


Ya habría sonrisas, abrazos... ya habría besos cuando todo acabase.

2 comentarios:

  1. Si, lo noto. Esta es la efímera calma antes de la tormenta.

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  2. "Creo que esto es el fin de una etapa... y el comienzo de una nueva..." - Celsiorh

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Shhh... dilo bajito, que hasta el viento escucha...