No sé
cuándo se rompió el calendario, cuándo dejamos de hacer un círculo rojo a los
días del reírse, cuándo comencé a tachar fechas en lugar de señalarlas.
Quizás el
roce desgastó el cariño, o tenía una fecha de caducidad que en la vida imaginé.
Lo único que tengo claro es que este café ya ni siquiera es descafeinado, que
se me empañan los ojos de fotos que no tenemos y al hacer doble “click” mi
carpeta está vacía.
¿Qué
quieres que te diga? Puede que de alguna forma el medicamento haya prescrito o
que hayamos generado tolerancia al abrazo sin previo aviso, pero yo necesito
mis dosis.
¿Qué
quieres que te diga? Que rebusco en los bolsillos las sonrisas que me pongo de
parche en los rotos, que el colchón se desinfló y me caí de boca sin darme
cuenta, que un buen día la broma dejó de ser de oca en oca y se convirtió en
ruleta rusa, que donde antes había favores ahora hay contratos con letra
pequeña.
Y tanta
palabra solo para decir que te echo de menos, que nos echo de menos… y que
odio, aborrezco, este silencio.