lunes 23 de noviembre de 2009

Sonreidme


Sonreidme... por favor.
Simplemente sonreidme.
Miradme.
Solo un segundo.
Os prometo que estaré esperando.

domingo 22 de noviembre de 2009

Momentos ajenos

Abrió los ojos despacio, recordando con quien estaba y pretendiendo ser sutil incluso con ese nimio movimiento para no despertar a su compañera.
Las cortinas estaban abiertas. Bueno... cortinas, por llamarlas de alguna forma.
La luz de la luna las hacía mágicas, confiriéndole a sus cuerpos un tenue color azulado.
Se incorporó despacio, sin dejar de mirarla a la cara para asegurarse de que seguía durmiendo. Finalmente, posó los pies descalzos en el suelo de madera. Cubrió su desnudez con un fino camisón y se echó sobre los hombros la capa de su compañera. Después, se calzó las pequeñas botas y salió de la habitación con cuidado.
Era una noche fría para salir, pero no conseguía conciliar el sueño, así que descendió casi de puntillas las escaleras de la posada, haciendo a los escalones crujir bajo sus pies.
Cuando bajó el último peldaño advirtió la presencia de alguien que estaba sentado casi al fondo, apoyando la cabeza entre las manos y con un cigarro débilmente sujetado por dos dedos. El olor a opio parecía no querer salir de ese rincón, de hecho, ella no lo percibió hasta que no se encontraba a escasos pasos de él.
- ¿Es... tás bien? - inquirió en voz baja
- ¿Uhm? - el muchacho levantó la cabeza y esbozó una sonrisa al verla – Claro... ¿necesitáis algo?
- No... yo... No podía dormir, iba a dar una vuelta
- No seré yo quien os detenga, pero no deberíais salir de noche – dio una calada al cigarro y expulsó el humo sin apenas separarlo de sus labios, luego le hizo un gesto a ella invitándola a tomar asiento
- Gracias – musitó
- ¿Está durmiendo?
- Sí, duerme como una marmota – rió ella
- No os preocupéis, suele hacerlo a menudo. Solo sabemos diferenciar si está dormida o muerta porque le late el corazón – continuó él y la joven comenzó a reír. La miraba fijamente, intentando escudriñarla - ¿Me permitís una pregunta?
- Claro, por supuesto – asintió
- ¿La queréis? - la miró fijamente a los ojos
- Como nunca había querido a nadie – ella sonrió, risueña y convencida de sus palabras
- Sabéis que no pertenece a éste mundo, ¿no?
- No me importa. Ella pertenece al mío, y donde esté el suyo, estaré yo
El joven dio una larga calada, girando esta vez el rostro para evitar darle a ella con el humo en la nariz.
- Entonces saldrá bien – él sonrió y recostó la cabeza sobre la madera – Debo pediros un favor
- ¿Un... favor? Adelante – lo miró inquisitiva
- No le hagáis daño – desvió los ojos, fijándolos en los de ella y manteniendo el semblante serio
- Podéis estar tranquilo – sonrió
- ¿Una calada? No mata... os lo prometo – bromeó tendiéndole el cigarro
Ella dio un par de caladas, tras las cuales cayó rendida. El chico terminó la colilla y la cogió en brazos, llevándola a la habitación de donde había salido.
“Estos humanos... qué enclenques que son”, reía para sus adentros.
Entró despacio y la acostó junto a su compañera, la cual, como si pudiera ver lo que ocurría, se apresuró a abrazarla, en sueños.
Luego cerró las cortinas y salió sin hacer ni el más mínimo ruido.


“Soñad ahora... ya llegarán las pesadillas”, se perdió en sus pensamientos mientras volvía a su pequeño rincón en la planta de abajo.

sábado 21 de noviembre de 2009

Sintonizando

Sintonizando sueños.
Soñando amaneceres.
Amaneciendo entre sábanas.
Sábanas que acunan mis noches.
Noches para poder soñar.
Sueños para sintonizar colores.

martes 17 de noviembre de 2009

Postal de Dios sabe dónde...


Una mañana ajetreada. Idas y venidas de una punta a otra del laboratorio, intentando evitar que la bata se me enganche en algún sitio. Comienzo a amontonar materiales mientras recuerdo para qué sirve cada uno. Luego demasiados líquidos para preparar lo que me parecen doscientas mil muestras para analizar. Un tinte violeta, otro anaranjado y por último uno que huele a alcohol o acetona.
Más tarde unas clases tediosas condimentadas con las lecciones de siempre.
Y por fin a casa, a la autoescuela... y al lugar donde nacen los sueños.
Teatro. Recinto nuevo, en la quinta puñeta, sí... pero, ¿qué más da?
La sala es minúscula, forrada de espejos y con una columna horrible en el centro de la habitación. Antoine como siempre llega tarde, pero nos lo compensa con esa sonrisa tan particular que regala esperando solo otra a cambio.
Hacemos varios ejercicios, cada uno más variopinto que el anterior, pero como siempre sorprendentes...
Uno de ellos era simplemente caminar, y cuando Antoine dijera, tendríamos que abrazar a quien tuviéramos más cerca, lo conociéramos o no. Resulta curioso pensar que un desconocido pueda abrazarte así.
Otro era muy parecido, pero en lugar de abrazarnos teníamos que confesar nuestro amor hacia esa persona. Relajante, inquietante, absurdo... y divertido.
Poco a poco nos hacemos cómplices, intercambiamos sonrisas, gestos, compartimos cada momento que pasa entre esas cuatro paredes.
Seguro que tenemos más cosas en común de las que pensamos... pero la primera de nuestras razones es la que nos ha llevado allí.
Nos despedimos en voz baja entre nosotros. Luego me despido de Antoine, le doy un abrazo, “sabes que me encantas, ¿verdad?”, se ríe cuando le pregunto eso.
Al finalizar nos vamos.
Llego a casa, es tarde. Me despido de él en el portal entre susurros y subo.
Mi padre está en el sofá y me pregunta qué tal ha ido la tarde. Mi hermana frente al ordenador casi ni se inmuta de que he llegado hasta que entro a contarle batallitas teatreras.
Minutos más tarde entra mi madre con una carta en la mano.
“¿Otra carta del ayuntamiento?”, me pregunto cuando me la tiende.
La giro y veo la letra. Es raro, no me suena... “puede ser... ¡sí!”. La abro y veo la postal.
¡Una postal desde Dios sabe donde! La aurora boreal aparece en tonos verdosos en la foto. Comienzo a leer.
No me lo puedo creer. Doy saltos de alegría. Parezco una cría, pero me da igual.
Esta noche soñaré con sonrisas en el círculo polar ártico.

viernes 13 de noviembre de 2009

Buenas noches...

Hace frío.
No sabemos lo que habrá más adelante.
No debemos olvidar el pasado, es lo que nos hace fuertes, las vivencias que nos recuerdan donde no tropezar.
Estoy tumbada sobre él.
El fuego arde delante nuestra.
Lanzo mi identificación a las llamas. No la necesito. Sigo siendo yo. Sé quien soy y adonde pertenezco.
Sé a quienes defiendo y porqué. No sé donde iré... pero sí con quien.
Le invito a deshacerse de la suya. Acepta, creo que de buen grado.
Ahora le toca a él, a quien estuvo.
Volvemos a ser tres. Lo juramos. Siempre tres.
Termina un camino, otro comienza. Diferente, pero quizá el mismo. Sin embargo esta vez la decisión es nuestra, y nos hablan el cansancio, la experiencia, la razón, el corazón...

Cierro los ojos.
Buenas noches... mi guerrero.

jueves 12 de noviembre de 2009

Relatos del Juglar II

Thyra salió de la tienda de campaña con paso decidido. El sol le acarició sutilmente el rostro. Fuera había varios soldados que se afanaban en coger sus armas y correr hacia el patio de arena, donde el general seguro los reuniría.
- Lady Thyra – una voz firme a su espalda
- ¿Sí?... ¡Ah! Ardeth, ¿qué ocurre? – le parecía extraño que uno de los ayuda de cámara de Sus Majestades estuviera allí
- Los señores quieren verla
- ¡Ese oficial se pasó de la ralla! ¡Por eso le metí!
- No es eso, milady – no pudo evitar esbozar una sonrisa – Quieren hablar con vos, así como con Fianna, Bowen y el señor Celsiorh
- ¡Ah, claro! – ella sacó la lengua, divertida – ¡Pues vamos!
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- ¿Señor Celsiorh? Con su permiso – Ardeth entró en la sala, la habitación del erudito, encontrando en lugar de a él a su joven aprendiz
- Ha ido a reunirse con Sus Majestades, señor – afirmó el muchacho haciendo una leve inclinación
- Pero... ¿cómo lo sabía? – inquirió, perplejo
- Tú. Ya sabéis que siempre anda cotilleando por ahí. Él fue quien comunicó a mi maestro que querían verle
- Buena suerte hoy – el hombre respondió la inclinación a modo de despido y salió de la habitación
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- Señor Álcanor – Ardeth hablaba desde fuera de la cuadra. Odiaba mancharse los zapatos de barro
- ¡Buenos días Ardeth! – respondió, como siempre entre risotadas
- Estoy buscando a su hija Fianna, señor...
- Ardeth – la voz de Fianna interrumpió la suya
- ¡Oh, aquí estáis! ¿Tendréis la bondad de acompañarme?
- Por supuesto, ¿ocurre algo?
- En absoluto, ellos quieren verla
- Sea pues, no hagamos esperar a los reyes – sonrió la joven siguiendo al caballero
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Bowen y Nikos abandonaron la sala de piedra para salir al patio de armas, donde los muchachos esperaban totalmente erguidos. El general suspiró largamente y se dirigió a ellos.
- Sir Bowen – Ardeth comenzó a caminar a su lado mientras le hablaba – Lamento interrumpir su protocolo de formación pero... los señores quieren verle
- ¿Ahora? Tengo que comprobar que todo esté perfecto, he de pasar revista
- Tranquilo Bowen, yo me encargo – aseguró Nikos – Ve
- Muy bien – respondió el general tras dudar un momento - ¿Tardaremos mucho, Ardeth?
- A fe mía que no, señor
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Uno a uno fueron entrando en el gran salón. Las enormes cortinas aun estaban cerradas e impedían el paso al sol.
Ellyn se encontraba esperando desde hacía rato y no paraba de caminar por la sala con paso tranquilo.
- Milady – Ardeth y Bowen entraron en la estancia – Aquí está el último, señora, ¿necesita algo más?
- Gracias, podéis retiraros Ardeth – hizo un educado ademán con la mano y el hombre salió por donde había entrado
- Nos tenéis intrigados, princesa – Thyra se apresuró a hablar
Ellyn, por su parte, se acercó a un inmenso jarrón lleno de múltiples flores que había sobre una mesa y las acarició. Al hacerlo, los pétalos se quitaron el camuflaje, apareciendo como hadas de varios colores que, como leyéndole el pensamiento a su señora, se apresuraron a abrir las cortinas.
Una fuerte luz bañó toda la habitación y besó los rostros de los allí presente.
- Lamento haberos distraído de vuestras tareas, pero quería hacer algo, quizá por última vez, con vosotros
- No os preocupéis pero, ¿de qué se trata? – inquirió el sabio
La princesa se acercó a un pequeño armario de cristal y sacó cinco copas llenas de extraños grabados a ojos de cualquiera, pero que para ellos tenían mucho sentido.
- ¿Un brindis? – preguntó Fianna, incrédula
- ¡Un brindis! – a Bowen no le pareció mala idea
- Vaya, esas copas son... – a Thyra se le dibujó una sonrisa en los labios
- ¿Perfectas para la ocasión? – a Celsiorh también se le iluminó la cara
- Cuando hace años llegamos aquí, Ushâr estaba sumida en tinieblas. La tierra era yerma y el cielo oscuro de día y de noche – la princesa comenzó a repartirles copas, una a cada uno, y ella se quedó con otra – Trabajamos duro, junto a quienes nos esperan fuera para recibir órdenes y apoyo... Y conseguimos un cielo colmado de estrellas, le devolvimos la vida a esa tierra yerma. Y aquel día, con dos lunas coronando el cielo, brindamos los cinco con estas mismas copas – concluyó, llenándolas
- Hoy nos enfrentamos a algo nuevo, peligroso y quizá definitivo – afirmó Celsiorh sujetando su bebida con firmeza
- Sí, pero después de tantos años seguimos siendo los mismos, volvemos a estar aquí y luchando por lo mismo – le siguió Fianna
- Han caído muchos en el camino, pero nosotros no, nos hemos levantado miles de veces, hoy será otra vez más... – Bowen no pudo terminar
- ¡Sí! ¡Hoy volveremos a plantarle cara al destino! – Thyra alzó su copa - ¡Por nosotros!
- ¡Por ellos! – Fianna la imitó
- ¡Por lo que nos espera! – Celsiorh hizo lo propio
- ¡Por el mañana! - le siguió Bowen
- ¡Por la promesa de volver a brindar! - concluyó Ellyn
Las cinco copas chocaron produciendo un leve sonido y derramando, debido al énfasis, algo de su contenido. Luego las apuraron.

Ahora sí estaban preparados.

martes 10 de noviembre de 2009

Carta a Nässhir


¡Hola papá!
Este sitio es increible.
Los padres de Alice son unas personas encantadoras y se mueren de ganas de conocerte. Creo que te caerán bien, son... peculiares, como tú... ¡pero no tanto! ^^. Ya lo verás.
He aprendido a tirar con ballesta, ¿sabes?... ¡y a montar a caballo! Es mejor que coger un taxi, pero se te queda el culo dormido si llevas mucho rato.
Hemos sembrado en un huerto, patatas y tomates, creo que no podré esperar a que crezcan, jajaja.
Nos levantamos cada día cuando amanece. Ojalá pudieras verlo. El cielo se va llenando de colores, y las nubes también.
Por la mañana huele a tierra mojada y por las noches a madera quemada en la chimenea. Se escuchan los grillos, cualquiera diría que cantan. Iba a meter alguno en un frasquito o en una caja de zapatos, pero por lo visto se mueren, así que creo que se quedan aquí ^^.
¡Ah! También he aprendido a encender fuego chocando dos piedras.
Alice y sus padres son raros, pero me siento muy a gusto con ellos.
Tengo ganas de verte y muchas cosas que contarte. Dale un beso a Nassirh de mi parte, que debe sentirse solo ^^. Te lo dejaría para dormir pero... no creo que a ella le haga mucha gracia, ¿verdad?

En breve estoy de vuelta. Un abrazo.

Te quiero, papá.

Fdo: Lylian B.