Abrió los ojos despacio, recordando con quien estaba y pretendiendo ser sutil incluso con ese nimio movimiento para no despertar a su compañera.
Las cortinas estaban abiertas. Bueno... cortinas, por llamarlas de alguna forma.
La luz de la luna las hacía mágicas, confiriéndole a sus cuerpos un tenue color azulado.
Se incorporó despacio, sin dejar de mirarla a la cara para asegurarse de que seguía durmiendo. Finalmente, posó los pies descalzos en el suelo de madera. Cubrió su desnudez con un fino camisón y se echó sobre los hombros la capa de su compañera. Después, se calzó las pequeñas botas y salió de la habitación con cuidado.
Era una noche fría para salir, pero no conseguía conciliar el sueño, así que descendió casi de puntillas las escaleras de la posada, haciendo a los escalones crujir bajo sus pies.
Cuando bajó el último peldaño advirtió la presencia de alguien que estaba sentado casi al fondo, apoyando la cabeza entre las manos y con un cigarro débilmente sujetado por dos dedos. El olor a opio parecía no querer salir de ese rincón, de hecho, ella no lo percibió hasta que no se encontraba a escasos pasos de él.
- ¿Es... tás bien? - inquirió en voz baja
- ¿Uhm? - el muchacho levantó la cabeza y esbozó una sonrisa al verla – Claro... ¿necesitáis algo?
- No... yo... No podía dormir, iba a dar una vuelta
- No seré yo quien os detenga, pero no deberíais salir de noche – dio una calada al cigarro y expulsó el humo sin apenas separarlo de sus labios, luego le hizo un gesto a ella invitándola a tomar asiento
- Gracias – musitó
- ¿Está durmiendo?
- Sí, duerme como una marmota – rió ella
- No os preocupéis, suele hacerlo a menudo. Solo sabemos diferenciar si está dormida o muerta porque le late el corazón – continuó él y la joven comenzó a reír. La miraba fijamente, intentando escudriñarla - ¿Me permitís una pregunta?
- Claro, por supuesto – asintió
- ¿La queréis? - la miró fijamente a los ojos
- Como nunca había querido a nadie – ella sonrió, risueña y convencida de sus palabras
- Sabéis que no pertenece a éste mundo, ¿no?
- No me importa. Ella pertenece al mío, y donde esté el suyo, estaré yo
El joven dio una larga calada, girando esta vez el rostro para evitar darle a ella con el humo en la nariz.
- Entonces saldrá bien – él sonrió y recostó la cabeza sobre la madera – Debo pediros un favor
- ¿Un... favor? Adelante – lo miró inquisitiva
- No le hagáis daño – desvió los ojos, fijándolos en los de ella y manteniendo el semblante serio
- Podéis estar tranquilo – sonrió
- ¿Una calada? No mata... os lo prometo – bromeó tendiéndole el cigarro
Ella dio un par de caladas, tras las cuales cayó rendida. El chico terminó la colilla y la cogió en brazos, llevándola a la habitación de donde había salido.
“Estos humanos... qué enclenques que son”, reía para sus adentros.
Entró despacio y la acostó junto a su compañera, la cual, como si pudiera ver lo que ocurría, se apresuró a abrazarla, en sueños.
Luego cerró las cortinas y salió sin hacer ni el más mínimo ruido.
“Soñad ahora... ya llegarán las pesadillas”, se perdió en sus pensamientos mientras volvía a su pequeño rincón en la planta de abajo.
Plant Lemon Seeds In A Cup
Hace 2 años

Sueño cada noche, con ser tu pequeño rincón... Preciosas palabras, hermoso relato... Quién fuera vicio para nadar entre tus labios juglar...
ResponderEliminarMentirjillas desde mi cuento... Se os echa en falta compañía... Se os extraña cada vez más sin cesar mago...
El frío no tarda en inhundar las sábanas. Que cerca siento el calor de su piel.
ResponderEliminarRenunciaría a los fantasmas del pasado si estuvieras obligada a permanecer en este mundo.
Nos quedan caminos por recorrer, abrazos a los que entregarnos, besos que robar. Por ellos luchamos.
AE
Quizás si se me olvido un poco ^^
ResponderEliminarPero ahora le daré vida XD
mágico...
ResponderEliminareres grande pequeña p...muy grande ^^