Como cada tarde, a las seis se reunirían. Fueron llegando uno tras otros, se sentaron sobre el césped de aquel inmenso parque y comenzaron a intercambiar aventuras.
Todos se escuchaban entre sí atentamente, con los ojos muy abiertos y sin perder ni el más mínimo detalle de cada historia. Por último, le llegó el turno a ella.
- Pues atención... he encontrado algo increible... maravilloso... ¡sorprendente!
- ¿Qué es? - preguntó uno
- Es un baúl, un baúl lleno de magia...
- ¿Un baúl mágico? ¡Qué tontería! - dijo otro
- Sí, sí, es mágico... está enterrado... ¡y no es ninguna tontería!
- Bueno... y en el supuesto caso de que sea mágico de verdad, ¿para qué lo queremos?
- ¿Cómo que para qué lo queremos? Estará lleno de ilusiones, de sueños, de...
- Bah, olvídalo. ¿Qué era eso que nos contabas? - la cortó uno de ellos para dirigirse a otro
...
¿Sirve de algo un tesoro, un secreto, un sueño, una ilusión... si no lo puedes compartir?
Ella tenía su mágico arcón, pero lo abriría sola.
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Hace 2 años

Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarA veces no nos queda otra que disfrutar de esa magia solos.
ResponderEliminarAprender a esperar a alguien que quiera abrirlo con nosotros. Los sueños compartidos crecen más rápido