Ellos estaban... no... maldita sea. Ellos NO estaban.
El mundo me pesaba sobre los hombros. Probablemente mi alma se había estrellado en algún abismo, o se había extraviado vagando entre recuerdos.
Me dolían las piernas, no podía flexionar las rodillas. Tenía todos los músculos del cuerpo entumecidos. No podía llorar... no me quedaban lágrimas. Había pasado días tendido sobre la tierra mojada, moviéndome solo al debatirme en pesadillas. Aun no podía creerlo. Se habían ido, y con ellos mi ánimo, mi alegría, mi calma, mis sueños, mi vida...
¿Ya está?
No... Levanté la vista y los vi ante mí, a los tres.
Aun no.
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Hace 2 años

No importa lo lejos que estén de nuestra propia la realidad, ni su caricia fría que trae el llanto en la noche. Su recuerdo reconforta más allá de lo inimaginable, repitiéndonos sin cesar que, allá donde vayamos, estarán esperando
ResponderEliminarUn susurró más sin sentido... Me duelen tus palabras espero no haber sido yo uno de esos seres ausentes pues mi brazo y mi hombro siempre estarán para acogerte. Yo nunca solté tu mano.
ResponderEliminarMentirijillas desde mi reino