domingo, 10 de enero de 2016

Aquellos ángeles guardianes X: La cena

Entré en el salón, que entonces estaba iluminado. La luz había decidido darnos tregua y las velas descansaban a la espera de ser reutilizadas en cualquier momento. Miré a todas partes buscando un hueco en el que sentarme y para mi sorpresa la inmensa mayoría estaban ocupados. Me había costado aceptar ir a cenar, pero nadie más parecía tener problema con que la comida se les convirtiera en ceniza en la boca. No entendía cómo podían tener apetito.

Había un hueco libre al lado de Evangeline Guichard. No hacía demasiado que me había enterado de su participación en el ritual que me había arrebatado a Pierre y nos había traído aquí. No tenía fuerzas para sentarme a su lado. De hecho, no tenía sentido que lo intentase.

Giré la cabeza en busca de otro lugar y los ojos de Jean Pierre Candau señalaron a una silla que había delante suya, rescatándome con su gesto e invitándome a tomar asiento.

Nos sentamos uno frente al otro y pasamos unos segundos mirando vagamente al plato que teníamos delante. Él tampoco parecía tener hambre.

Busqué respuestas en sus ojos. Cuando había hablado con él anteriormente no parecía tan abatido y ahora, sin embargo, las lágrimas luchaban tras sus pupilas.

- ¿Monique? – pregunté simplemente, observándole

Su respuesta me pilló totalmente por sorpresa.

- Discúlpeme, señora Baudelaire – se incorporó retirando su silla y se marchó

Durante unos instantes no sabía si le había ofendido o simplemente no podía enfrentarse a mi pregunta. Di vueltas con el tenedor a algo de carne que había en el plato hasta que escuché cómo la silla volvía a arrimarse a la mesa.

El señor Candau había vuelto, con los ojos enrojecidos y con un penoso disfraz de entereza.

- Monique ya no está – tragó saliva – Hay… hay varias almas ocupando su cuerpo pero la suya ya no está, ha desaparecido, y no creo que vaya a volver

- No está muerta, no hasta que la hayas visto morir. Puede… puede que su alma siga en algún rincón de su cuerpo, pero que esté atrapada y no tenga fuerzas para volver a salir. Puede que tenga miedo – puse mi mano sobre la suya despacio. Me sentía terriblemente identificada con él, intentaba convencerle de algo que yo misma no sabía si creer o no – Si sigue ahí, en algún lugar, necesita que seas fuerte por los dos, que no abandones – me regaló entonces una de las pocas sonrisas reales que había visto aquella noche, y retiré la mano después de darle un ligero apretón

El silencio se apoderó de nuevo de nuestra mesa, sustituido sola y momentáneamente por el sonido del cubierto en el plato.

- Pierre no va a volver – me encontré por primera vez diciéndolo en voz alta, y escucharme fue terrible

- ¿Qué?

- Me lo ha dicho Arsène – negué con la cabeza – Que nos está salvando a todos… y que no puede volver, que no hay ninguna manera

Como si fuera el espejo de un pasado reciente, me cogió la mano y apretó levemente.

- Arsène no está en posesión de la verdad absoluta, Nicole. No desesperes. No podemos



“No podemos. No queremos. ¿Dónde estaba nuestra esperanza?”

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Shhh... dilo bajito, que hasta el viento escucha...