Tenía la caja entre mis manos. Algo dentro de mí me decía que era importante, así que me medio aparté con ella. Sin tan siquiera mirar en su interior introduje los dedos. Su contenido era blando, emitía un calor desagradable que no lograba adjudicar a nada.
Decidí abrir la caja y el brillo de una alianza dorada, gemela a la que yo misma llevaba, atravesó mi propio corazón mientras sostenía entre las manos el de alguien.
“Mi corazón es tuyo, y el tuyo, sólo a mí me pertenece…”
Todo pasó muy rápido. Dejé caer la caja con su brutal contenido con mi propia voz gritando en mi cabeza esa frase que tantas veces le había dicho.
“No puede ser. No puede ser. No puede ser. No puede ser.”
Alguien se acercó, ignoro quién. Hice acopio de todas las fuerzas que podía para agacharme y recoger su alianza. No sé dónde me llevaron los pies, pero avancé muy deprisa y cuando me vine a dar cuenta tenía su anillo puesto en el índice de mi mano izquierda.
“Serénate, Nicole, no puede ser de él. Es imposible, es… imposible, ¿verdad?”
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Hace 2 años

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Shhh... dilo bajito, que hasta el viento escucha...