Iba camino a las celdas, a buscarle de nuevo, cuando alguien se cruzó en mi camino. Estaba casi al final del pasillo, saliendo de la sala de quirófano. De pronto la gabardina que había llevado toda la noche parecía pesarle más que la vida misma. Su cabeza estaba totalmente gacha, la mirada perdida y su porte tambaleante. Me costó reconocer en él al hombre que había venido conmigo en el coche, Tazio Caggio, el caballero que llevaba la compostura como segunda piel, se había desecho de ella. Avanzó con algo entre las manos temblorosas hasta entrar en una de las celdas de los internos, y sin poner freno a sus piernas se dejó caer de rodillas delante de la ventana. Sus dedos pasaban las cuentas de un rosario negro mientras sus labios dejaban escapar susurros de algún rezo a alguien que posiblemente había dejado de escucharle.
Me quedé de pie a su lado unos instantes, sin saber qué decir.
- Era mi padre – dijo con voz queda – Jack… Jack era mi padre
- Jack… - no podía hablar en serio - ¿Jack el… destripador?
Asintió y apretó con fuerza el rosario. Puse una mano en su hombro, y como si eso le desinflase suspiró despacio.
- Me ha dicho que estaba orgulloso de mí – y repentinamente retiró su brazo, como si todo él emanase suciedad y no quisiera tocar nada – Le he apuñalado – apretó las manos de nuevo, manchadas de una sangre que ninguno, ni siquiera él, podíamos ver
Sabía que no había nada que pudiera decirle, de modo que no lo intenté. Pero también sabía que no podía dejarle sólo, que muchas veces necesitamos una sombra haciéndonos silenciosa compañía, y nada más. Me quedé allí mientras los minutos pasaban sin que los tuviéramos en cuenta.
De pronto, como si no pudiera permitirse la flaqueza que le apuñalaba el vientre, cogió aire y se levantó despacio, con la vista puesta en un horizonte que había perdido.
Luego me miró de reojo, devolvió la mirada al frente y simplemente asintió.
No sabía de dónde pensaba sacar las fuerzas, pero lo haría, había un destello de resolución en él que juraba que lo haría aunque por dentro estuviera roto.
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Hace 2 años

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Shhh... dilo bajito, que hasta el viento escucha...