“Ya han salido de terapia”. Fue todo lo que escuché, y salí corriendo en su busca. La espera se me estaba haciendo eterna. Le vi sentado en el banco de fuera, rodeado de gente. Aceleré el paso, tratando de que no se convirtiera en una carrera por mucho que mi pulso ya la hubiera comenzado.
Me paré delante suya y le miré a los ojos. Una parte de él no parecía estar allí.
- Pierre… - tragué saliva al ver que nada en él me respondía – Pierre, estoy aquí… - me encontré con la terrible sensación de no saber cómo tratar a mi marido, y cogí todo el aire que era capaz de almacenar - ¿Puedo sentarme a tu lado? – tardó unos segundos en asentir, y me senté - ¿Cómo… cómo estás? – no hubo respuesta – Pierre, soy yo, Nicole… ¿quieres…? ¿quieres caminar conmigo?
Fue entonces cuando asintió dos veces y, de forma absolutamente imprevista, me cogió de la mano entrelazando sus dedos con los míos. Mi corazón dio un vuelco.
“Sigue aquí, Nicole, él sigue aquí…”
Comenzamos a pasear por el jardín. Nada crecía allí, como si el lugar fuera en consonancia con su uso.
No podía soltar su mano, no quería y él no me lo permitía. Paramos en algún momento. Seguía sin mirarme y sin responder a si se encontraba bien, cosa que no dejaba de preocuparme.
- Te echaba de menos – dijo de pronto, casi balbuceando. Sonreí y apoyé mi frente en su mejilla. Necesitaba tenerlo cerca y cuando lo hice noté cómo por primera vez su sonrisa se ampliaba y sus dedos apretaron los míos
Habló poco, pero estaba asustado. Recordaba lo que había vivido durante la Gran Guerra, las cosas terribles que había tenido que hacer.
- Soy un monstruo – dijo, y por primera vez me miró a los ojos, lleno de dolor
- Pierre… - tragué saliva – ¿Sabes lo que es un monstruo? Un monstruo es quien hace el mal sólo por el disfrute de hacerlo, es quien se esconde y espera para destruir la felicidad de los demás, un monstruo es egoísta, y cruel… y tú – deshice el nudo de nuestros dedos para coger su cara entre mis manos – Tú eres Pierre Baudelaire, y Pierre Baudelaire no podría jamás ser un monstruo
Esbozó una sonrisa tímida, casi infantil, y sacó algo de su bolsillo.
- Lo he escrito yo – desdobló un papel y vi unas pocas líneas escritas posiblemente con el lápiz que sacó del bolsillo. Rodeó torpemente el encabezamiento “Para Nicole”
- ¿Nicole eh? Debe ser muy afortunada – se rio, como quien comprende un chiste - ¿Puedo leerlo? – volvió a asentir y a coger mi mano. No pude evitar la sonrisa en mis labios al leer sus palabras. Decía que yo era su luz, que quería ir conmigo y que me echaba de menos. Mientras leía, rodeó con el lápiz otra frase, que se repetía tres veces y simplemente decía “Me llamo Pierre Baudelaire”
- Él también es afortunado – dijo, y dejó descansar su mejilla contra la mía
Seguimos caminando. Con pocas palabras me contó que quería irse, que estaba cansado. Apenas habían pasado unos minutos cuando una enfermera se acercó a nosotros y dijo que tenía terapia de nuevo, que tenía que llevárselo. Le acompañé hasta la puerta y tomé algo de distancia con la enfermera, dejándole parado a mi lado.
- Cuando salgas de terapia estaré aquí, esperándote. No voy a irme a ningún sitio, no sin ti. Vamos a volver a casa, Pierre – me miraba fijamente y apretaba mi mano, diría que casi efusivamente, a medida que me escuchaba – Te quiero
Hinchó el pecho, su mano pasó de estar entre las mías a ser guiada por la de la enfermera.
Luego desapareció tras aquella puerta.
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Hace 2 años

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Shhh... dilo bajito, que hasta el viento escucha...