Miré a todas partes y me levanté despacio, pero mi cuerpo recibió como un jarro de agua fría lo que tenía delante de mí. Allí estaba ella, Gwendoline. Viva.
No podía ser. Y sin embargo… sin embargo era real.
Había pasado tantas y tantas horas evitando salir cuando la gente gritaba enloquecida, huyendo de aquellos fantasmas con los que se estaban encontrando y de los que yo intentaba convencerme de que eran producto de medicación, drogas quizás…
Había pasado tantas y tantas horas negándome que lo que estaba ocurriendo era real, buscándole a todo una explicación lógica para no caer en la sinrazón y la locura…
- ¿Por qué no sales? – me había preguntado Caesar poco antes durante una de esas explosiones de locura
- Estoy cansada de escuchar gritos y…
- No sales porque temes que sea él. Temes encontrarte con su fantasma
Aquella respuesta me había dejado helada, pero tenía razón. Temía no poder buscar más excusas a que todo lo que ocurría era real. Los fantasmas, el pasado llamando a la puerta, el corazón en aquella caja…
Pero ella había muerto delante de mí. La imagen de aquel ser cortando su cuello, de la sangre saliendo furiosa de su garganta, no desaparecía de mi cabeza. Y sin embargo allí estaba, en pie, y nadie parecía sorprenderse.
¿Sería cierto todo lo demás? No quería abrir los ojos y la realidad me golpeaba sin piedad en la cara. Ya no había excusas, no había métodos de evasión. Sólo la verdad gritándome en los oídos.
Y era insoportable.

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Shhh... dilo bajito, que hasta el viento escucha...