Apenas estábamos terminando de cenar cuando mi cuerpo decidió que no podía tomar un bocado más. En realidad cada cucharada había sido por inercia, sin prestar siquiera atención a qué había en el plato.
Todo el mundo estaba reunido en el salón, al calor de la chimenea que se esforzaba por caldear la sala, por momentos sin demasiado éxito.
Me levanté y me decidí a salir. Otra vez. Había perdido la cuenta de las veces que había recorrido los exteriores del asilo en su busca. Le había llamado por su nombre, había repetido hasta la saciedad que estaba preocupada por él, que todo estaba bien, pero que tenía que regresar. Había paseado tranquilamente para dejarme ver, y a la carrera. Me dolían los pies y hacía frío. Mucho frío. No podía dejar de pensar en lo perdido que podía sentirse, en que si seguía fuera su salud empeoraría considerablemente en cualquiera de los sentidos. Y no veía el momento de tenerle entre mis brazos.
“¿Dónde estás, mi amor?”
Plant Lemon Seeds In A Cup
Hace 2 años

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Shhh... dilo bajito, que hasta el viento escucha...