
- Sir Bowen, señor, los hombres se están preparando – un joven soldado se acercó al general y se dio un leve golpe con el puño cerrado sobre el corazón – Estamos a la espera de órdenes
- Bien... - Bowen posó una mano sobre el hombro del muchacho - ¿Impaciente, soldado?
- En parte, señor – afirmó, poniéndose totalmente recto
- Que la impaciencia no nuble la prudencia – lo miró fijamente a los ojos y el joven sonrió
- ¡Sí, señor! - aseguró con fuerza
- Ve con los demás – su tono no era borde o cortante, sino más bien paternal
El muchacho se marchó y Bowen comenzó a recorrer el patio de armas de un lado a otro. Ocasionalmente algún que otro soldado le saludaba debidamente, golpeándose el pecho.
Más de un gran hombre se perdería en esta guerra, y él lo sabía. Durante unas horas revisó espadas y ayudó a poner armaduras, hasta que él mismo se retiró a equiparse.
Había dirigido... capitaneado... ¡maldita sea!, participado, al fin y al cabo, en dos guerras aparte de ésta, pero no en Ushâr. Esta tierra le importaba mucho más que cualquier otra.
Se estaba colocando la coraza cuando escuchó pasos de alguien que entraba en la enorme sala de piedra. No era necesario girarse para averiguar de quien se trataba, al menos para él.
- Nikos – se alegraba de combatir a su lado. Era el mejor compañero de armas que pudiera desear
- Bowen – el hombre se acercó hasta él y le ayudó a terminar de ponerse la coraza - ¿Cómo los ves?
- Muchos de ellos ya han sangrado, como nosotros... algunos en cambio son jóvenes, quizá demasiado... Quizá después de hoy no puedan soñar con conocer mujer
- No tienen la experiencia de los viejos – dijo Nikos dando un par de golpecitos a su compañero en el hombro – Pero sin embargo son valientes y fuertes de espíritu. No son mucho más jóvenes que cuando tú y yo comenzamos a batallar.
- ¿Vas a contarme historias de la guerra? - Bowen esbozó una sonrisa
- No... Te aburrirías, ya no tienes edad
Durante unos segundos las risas llenaron la estancia, haciéndoles olvidar lo que iba a ocurrir en breve.
- ¿Cómo están tu mujer y tu hijo?
- Aun estamos esperando a que se decida a nacer – el general finalmente estaba preparado – Así que hoy vamos a intentar dejar Ushâr lo mejor que podamos. No quiero que crezca en un mundo caótico o parecido en lo más mínimo al humano...
- No les hagas esperar – dijo Nikos
Silencio. El patio de armas había enmudecido.
- Fuerza y honor – juntó su mano a la del general
- Fuerza y honor – repitió estrechándole y abrazándolo con una palmada en la espalda
- Bien... - Bowen posó una mano sobre el hombro del muchacho - ¿Impaciente, soldado?
- En parte, señor – afirmó, poniéndose totalmente recto
- Que la impaciencia no nuble la prudencia – lo miró fijamente a los ojos y el joven sonrió
- ¡Sí, señor! - aseguró con fuerza
- Ve con los demás – su tono no era borde o cortante, sino más bien paternal
El muchacho se marchó y Bowen comenzó a recorrer el patio de armas de un lado a otro. Ocasionalmente algún que otro soldado le saludaba debidamente, golpeándose el pecho.
Más de un gran hombre se perdería en esta guerra, y él lo sabía. Durante unas horas revisó espadas y ayudó a poner armaduras, hasta que él mismo se retiró a equiparse.
Había dirigido... capitaneado... ¡maldita sea!, participado, al fin y al cabo, en dos guerras aparte de ésta, pero no en Ushâr. Esta tierra le importaba mucho más que cualquier otra.
Se estaba colocando la coraza cuando escuchó pasos de alguien que entraba en la enorme sala de piedra. No era necesario girarse para averiguar de quien se trataba, al menos para él.
- Nikos – se alegraba de combatir a su lado. Era el mejor compañero de armas que pudiera desear
- Bowen – el hombre se acercó hasta él y le ayudó a terminar de ponerse la coraza - ¿Cómo los ves?
- Muchos de ellos ya han sangrado, como nosotros... algunos en cambio son jóvenes, quizá demasiado... Quizá después de hoy no puedan soñar con conocer mujer
- No tienen la experiencia de los viejos – dijo Nikos dando un par de golpecitos a su compañero en el hombro – Pero sin embargo son valientes y fuertes de espíritu. No son mucho más jóvenes que cuando tú y yo comenzamos a batallar.
- ¿Vas a contarme historias de la guerra? - Bowen esbozó una sonrisa
- No... Te aburrirías, ya no tienes edad
Durante unos segundos las risas llenaron la estancia, haciéndoles olvidar lo que iba a ocurrir en breve.
- ¿Cómo están tu mujer y tu hijo?
- Aun estamos esperando a que se decida a nacer – el general finalmente estaba preparado – Así que hoy vamos a intentar dejar Ushâr lo mejor que podamos. No quiero que crezca en un mundo caótico o parecido en lo más mínimo al humano...
- No les hagas esperar – dijo Nikos
Silencio. El patio de armas había enmudecido.
- Fuerza y honor – juntó su mano a la del general
- Fuerza y honor – repitió estrechándole y abrazándolo con una palmada en la espalda

Siempre habrá veteranos dispuestos a ser la voz de la razón a novatos heróicos e impulsivos.
ResponderEliminarCito: "Durante unos segundos las risas llenaron la estancia, haciéndoles olvidar lo que iba a ocurrir en breve."
ResponderEliminarSe iba a liar parda...