Silencio a mi alrededor.
Aquí, en la capital, parece mentira que se esté librando una guerra.
La gente pasea sin mayor preocupación que el precio del pan, o del cordero.
Ocasionalmente escucho algún rumor que se evapora demasiado deprisa. Comentarios anónimos de alguien que se atreve a pronosticar cómo terminará este conflicto.
No son conscientes de lo que está pasando a tan solo unos cuantos días de aquí. ¿No se dan cuenta de la cantidad de gente que está muriendo por ellos? Supongo que sí, que lo saben, pero tampoco es que puedan hacer mucho. Y aunque no sea justo pensar que están al margen, que viven ésto tan de lejos como si en realidad no existiera... lo creo así.
Es cierto que muchas esposas, madres, niños... esperan tener noticias, noticias de esperanza. Alguna carta o como poco un par de líneas que les aseguren que quien la escribe está bien, que sigue con vida.
Pero la guerra no es solo eso. Es muy larga como para contarla en un par de frases. Muy fría como para pretender darle calor con una risa forzada. Y lo peor es que es cruel. Para todos. Tanto para ellos como para nosotros.
No vamos a ceder y ellos lo saben. No vamos a darles ni un palmo de nuestras tierras, de nuestro sol, de nuestra lluvia... de nuestra Castilla.
Hacerlo, bajar las armas... sería desprestigiar todas las vidas que ya se han perdido.
No, definitivamente, no.
Recuerdo que hace tan solo un par de años, incluso después de lo de Malaca, veía a los niños jugar a la guerra. Un “disparo” por aquí, una “estocada” por allá, varios morían y al rato resucitaban para proseguir su conquista personal.
Hoy por hoy, me da pena. Ojalá pudiera decirles que no es así, que cada momento cuenta, que cada paso duele y destroza, que después de caer al suelo, muerto, no puedes volver a caminar, ni a reírte...
No saben el regalo que es mirar al cielo y ver las estrellas en lugar de la nube blanca que nace de los disparos de los mosquetes.
Siempre he disfrutado un cruce de aceros más que muchos, pero todos necesitamos recuperarnos de nuestras heridas, y pocos tenemos tiempo para hacerlo.
Pensé que Malaca me lo había enseñado todo de la guerra, pero no es así. Allí hubo tan solo unas pocas de bajas, no por ello menos importantes, desde luego, pero nada comparado a ésto.
Pasar por la iglesia, ahora habilitada como un campamento a cubierto para los heridos, es todo un camino por el infierno.
Hombres que han perdido alguna extremidad, o la vista, que no podrán volver a blandir un arma, ni a coger la cuchara para llevarse el puchero a la boca, ni aupar a sus niños en brazos cuando vuelvan a casa, ni abrazar a sus mujeres. Hombres, chiquillos... que no volverán a ver amanecer, algo tan natural como ese amasijo de colores en el cielo.
Hace cosa de unas semanas estaba limpiando vendas en enfermería, poco más podía hacer. Un muchacho joven que no podía incorporarse me cogió de la mano mientras pasaba a su lado y me dijo “¿Me recuperaré?”.
Tuve que mentirle.
... Quizá escribo ésto para tener la certeza de que no es una pesadilla, de que queda en la memoria de algo y con la esperanza de que quizá se aprenda de los errores. Con la esperanza de que esta guerra llegue a su fin y que si otra ha de acontecer, sea dentro de muchos, muchos años.
Tengo las manos limpias llenas de sangre que no sale por más que las labo. Y aunque no me arrepiento de nada de lo que he hecho, si pido, si es cierto que existes allá donde estés, si hay un Dios, o algo así... que te acuerdes de los que estamos aquí abajo. Te pido que nos des un respiro...
Que me des un respiro.
Ojalá no caigan muchos más antes de que esto termine.
Ésto está matando a demasiada gente.
Al que espera en casa.
Al que reza en el campo de batalla.
A quien recibe una estocada, o un disparo.
A quien le asaltan la nostalgia y la congoja.
Ya he visto arder demasiadas esperanzas.
Un último bastión. Nuestra bandera seguirá en pie, aunque caigamos en el intento de sostenerla siempre habrá un pedacito de tierra donde podamos clavarla, donde la hierba pueda volver a crecer.
Plant Lemon Seeds In A Cup
Hace 2 años

A cada soldado le duele la sangre derramada por su querida Castilla
ResponderEliminar"Menos mal que la guerra es tan terrible, de lo contrario, podría acabar gustándonos" Gen. Robert E. Lee
ResponderEliminarCómo me gusta la sensibilidad que desprenden todas sus palabras, señorita, cómo disfruto con sus letras atrevidas. Le declaro la guerra, pero sólo con mis labios, y sin rendición.
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