
El cielo comenzaba a vestirse de colores y Celsiorh llevaba ya un par de horas despierto. No podía dormir, no, sabiendo la tempestad que se avecinaba.
Miraba por el mismo gran ventanal por el que tantos días y tantas noches había contemplado Ushâr, atrapado irremediablemente por el encanto de sus calles y la magia de sus gentes.
Era temprano, y ya había mucho movimiento fuera, sobretodo en el patio de armas. Veía a los soldados repetir golpes secos una y otra vez, afilando sus armas para que estuvieran dispuestas para cortar carne y hueso... algunos, incluso, se abrazaban.
Suspiró largamente, impregnando el cristal con algo de vaho y pasó la palma de la mano para limpiarlo, descubriendo en el reflejo que tras de sí se encontraba Tú.
- Señor... ¿habéis descansado? – inquirió el pequeño duende
- Tengo un presentimiento, Tú... – Celsiorh continuaba mirando a través del cristal y su rostro se entristecía por momentos
- Y... ¿es un mal presentimiento? – Tú jugaba nerviosamente con sus largos dedos, entrelazándolos y moviéndolos repetidas veces
- Creo que esto es el fin de una etapa... y el comienzo de una nueva... – el erudito se giró y acarició un mapa estelar que tenía sobre el viejo escritorio de madera – Quiero que pongas los objetos más valiosos de esta sala a buen recaudo, ya sabes cuales son – lanzó a su compañero una sonrisa casi melancólica y éste se comenzó a mover muy deprisa por la habitación, amontonando cosas sobre sus pequeños brazos.
- Celsiorh – una voz suave pero firme sacó al joven de sus pensamientos
Celsiorh hizo un leve gesto con la cabeza a la criatura, la cual salió de la habitación cargada hasta la cabeza de artilugios extraños y algún que otro rollo de pergamino.
- Laune... – sonrió e hizo un gesto al muchacho para que entrase y se acercara.
El chico acudió a la silenciosa petición haciendo una leve inclinación al llegar ante su maestro.
- Todo está siendo cuidado al detalle, señor y...
- ¿Por qué tanta formalidad? – sonrió Celsiorh, cogiéndole el mentón y besándole en los labios
- Ha llegado el momento. No pensé que fuera a escuchar historias de guerra en Ushâr, mucho menos a vivirlas...
- Tranquilo, mantente en tu puesto, en retaguardia. Recuerda que irás ayudando en todo lo que puedas al estratega y al general. No entres en combate, mantente al margen... Te qu...
- Señor... – Tú interrumpió tímidamente en la estancia – Nicholas y Ellyn requieren su presencia
- Desde luego – respondió Celsiorh, firme, y salió de la habitación siguiendo a Tú y conteniendo sus emociones.
Miraba por el mismo gran ventanal por el que tantos días y tantas noches había contemplado Ushâr, atrapado irremediablemente por el encanto de sus calles y la magia de sus gentes.
Era temprano, y ya había mucho movimiento fuera, sobretodo en el patio de armas. Veía a los soldados repetir golpes secos una y otra vez, afilando sus armas para que estuvieran dispuestas para cortar carne y hueso... algunos, incluso, se abrazaban.
Suspiró largamente, impregnando el cristal con algo de vaho y pasó la palma de la mano para limpiarlo, descubriendo en el reflejo que tras de sí se encontraba Tú.
- Señor... ¿habéis descansado? – inquirió el pequeño duende
- Tengo un presentimiento, Tú... – Celsiorh continuaba mirando a través del cristal y su rostro se entristecía por momentos
- Y... ¿es un mal presentimiento? – Tú jugaba nerviosamente con sus largos dedos, entrelazándolos y moviéndolos repetidas veces
- Creo que esto es el fin de una etapa... y el comienzo de una nueva... – el erudito se giró y acarició un mapa estelar que tenía sobre el viejo escritorio de madera – Quiero que pongas los objetos más valiosos de esta sala a buen recaudo, ya sabes cuales son – lanzó a su compañero una sonrisa casi melancólica y éste se comenzó a mover muy deprisa por la habitación, amontonando cosas sobre sus pequeños brazos.
- Celsiorh – una voz suave pero firme sacó al joven de sus pensamientos
Celsiorh hizo un leve gesto con la cabeza a la criatura, la cual salió de la habitación cargada hasta la cabeza de artilugios extraños y algún que otro rollo de pergamino.
- Laune... – sonrió e hizo un gesto al muchacho para que entrase y se acercara.
El chico acudió a la silenciosa petición haciendo una leve inclinación al llegar ante su maestro.
- Todo está siendo cuidado al detalle, señor y...
- ¿Por qué tanta formalidad? – sonrió Celsiorh, cogiéndole el mentón y besándole en los labios
- Ha llegado el momento. No pensé que fuera a escuchar historias de guerra en Ushâr, mucho menos a vivirlas...
- Tranquilo, mantente en tu puesto, en retaguardia. Recuerda que irás ayudando en todo lo que puedas al estratega y al general. No entres en combate, mantente al margen... Te qu...
- Señor... – Tú interrumpió tímidamente en la estancia – Nicholas y Ellyn requieren su presencia
- Desde luego – respondió Celsiorh, firme, y salió de la habitación siguiendo a Tú y conteniendo sus emociones.
Ya habría sonrisas, abrazos... ya habría besos cuando todo acabase.

Si, lo noto. Esta es la efímera calma antes de la tormenta.
ResponderEliminar"Creo que esto es el fin de una etapa... y el comienzo de una nueva..." - Celsiorh
ResponderEliminar