- Lo siento... me dormí... - dijo mientras remoloneaba
- Tienes un sueño plácido - susurró besándola en la frente - ¿Puedo preguntar con qué soñabas?
- ¡Eh! ¡Eso es privado! - le sacó la lengua, burlona
- Tanto como lo es una caricia o un beso, y aun así los compartes conmigo...
El alba era como un maldito reloj despertador al que no se le pueden pedir cinco minutos más.
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Hace 2 años

El alba es la promesa de la mañana anunciada. Vuelven los paseos en palabras otoñales...
ResponderEliminarY nunca hay suficiente, cuando compartes un despertar.
ResponderEliminarGracias.
y aunk suene paradógico, no se le puede pedir tiempo al tiempo...
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