jueves, 1 de enero de 2009

Élanor, Flor de Hielo

Lo acontecido no relata azañas de un héroe, o una princesa, no.
Este relato habla de una niña, que probablemente no contaba con más de diez años...
Cuentan las más antiguas leyendas, que en el lugar más remoto del mundo, había una pequeña aldea sobre la cual se cernía un enorme dragón.
El pueblecito estaba siendo azotado por una enfermedad que arrasaba sin mesura todo cuanto encontraba a su paso.
Élanor era una niña como otra cualquiera...y su madre estaba enferma como muchas. La pequeña, se ocupaba de todo cuanto podía para que su
madre estuviera descansada, ya que, según lo oído, no había cura para tal desdicha.
Una tarde, en el mercado, oyó a un juglar narrar un cuento, un cuento que relataba como un valiente príncipe desafiaba a un dragón y obtenía de sus lágrimas
una pócima capaz de curar a su amor.
Élanor corrió a casa a por un cubo. Ya está, había encontrado la solución: subiría al monte, donde descansaba el dragón y conseguiría un par de lágrimas del mismo
para sanar a su madre.
Cuando llegó allí el sol había caído ya tras las montañas y su amante, la luna, deslumbraba al magnífico ser, que se encontraba descansando en ese momento.
Todo el prado, que debía ser color verdoso, estaba teñido de un azul intenso, y cubierto, a su vez, por unas flores que bien podían ser de cristal, cuya hermosura
casi dañaba la vista.
El dragón abrió un ojo de forma inquisitiva, esperando a que la pequeña hiciera algo.
- Señor dragón... ¿le importaría darme un par de sus lágrimas? - le preguntó a la par que se acercaba
- ¿Y para qué quiere eso alguien como tú? - la voz del animal resonaba en el eco de la noche
- Yo...quiero curar a mi mamá...por favor, señor dragón...
- Tienes agallas para acercarte aquí, hasta ahora ningún valiente de tu aldea... - se calló durante breves instantes - Muy bien, si lo que quieres es sanar a tu madre, pequeña, coge un par de esas flores, tritúralas y házselas comer, ya verás como mejora.
- Gracias - Élanor dirigió una sonrisa cargada de ilusión al dragón, hizo lo que él le había dicho y se marchó.
Tal y como él le predijo que ocurriría, su madre se recuperó de forma casi milagrosa
Dicen que, desde entonces, el dragón vierte dos lágrimas sobre la tierra cada noche, y que cada una de ellas se convierte en una flor de cristal, como las que la niña
antaño cogió... Y de esa forma fue como dicha planta se conoció en adelante con el nombre de Élanor.

2 comentarios:

  1. Que bonitaaaaaaaaa, me ha gustado mucho ^^

    ResponderEliminar
  2. Aventurarse más allá de los peligros por lo que de verdad merece la pena... Me ha gustado linda narradora de historias de pluma y candil

    ResponderEliminar

Shhh... dilo bajito, que hasta el viento escucha...