jueves, 8 de enero de 2009

Lithium

Abrió los ojos en mitad de la noche. Tenía el cuerpo profundamente dolorido. Como siempre, su madre había vuelto su rabia contra ella y sabía que, de algún modo, tenía la culpa.
Algo le decía que no pertenecía a ese lugar pero, ¿quien iba a corroborarlo? Era una idea estúpida.
La primera paliza que recordaba tuvo lugar a los tres años apenas cumplidos, y desde entonces se habían vuelto frecuentes y más violentas.
La pequeña se esforzaba por acatar todo lo que le decía su madre para no llevarla a enfado, pero cualquier excusa era pretexto para que ésta le asestase no pocos golpes que, con el tiempo, había aprendido a esconder.
Su padre apenas pasaba por casa debido a ciertos viajes que según decía, eran de negocios.
La relación entre sus padres se había vuelto distante. El odio refulgía en la mirada de su padre cada vez que la dirigía hacia su madre.
Él sabía que golpeaba a la pequeña, pero, al fin y al cabo, nunca había visto marcas o moretones, de modo que pensó que su mujer hacía todo esto por el bien de la niña y su educación.
Pero esta última paliza había sido, con mucho, la peor de todas. Sus padres habían discutido y él se había marchado dando un portazo. Tras ésto, su madre, Victoria, se había dirigido hacia su habitación y se había ensañado a patadas con ella: en el vientre, en las piernas, la espalda... Siempre tenía mucho cuidado de no marcar la cara. Lylian no encontraba el motivo de su ira, pero sabía que, como siempre, era culpa suya, ¿por qué sino su madre la iba a golpear y su padre no iba a defenderla? Era un pequeño monstruito que, desde que llegó, le había jodido la vida a sus padres. Eso era lo que Victoria le decía sin siquiera mirarla a la cara.
En el colegio no hablaba nunca, y siempre llevaba mangas largas, para que los demás niños no vieran los moretones de los brazos y nunca supieran lo mala hija que era.
En casa no variaba demasiado la cosa. Permanecía siempre en su habitación con una única acompañante: una caja de música que, según le contó su padre, apareció junto a ella el día en que la encontraron en la puerta de su casa. No solía deambular por la casa, su madre le decía que era molesta y que prefería no verla.
Esta situación había sido así desde su llegada, y Lylian ya contaba con dieciséis años. Estaba tendida en la cama, como siempre, hecha un ovillo, ya no solo por el dolor, sino con la esperanza de que, si su madre entraba, no la encontraría. Pero siempre lo hacía, y luego la paliza se veía incrementada, según Victoria, por cobarde y por esconderse.
Se levantó como pudo. No podía levantar los brazos, pero sabía que no podía bajar a desayunar en pijama, de modo que, tras lo que a ella le pareció una eternidad, consiguió ponerse la camisa de mangas largas, la falda, las medias y los zapatos de charol. El “magnífico” uniforme escolar.
Bajó las escaleras con cuidado y sin peinar, confiaba en que su madre no se diera cuenta, ya que le era imposible levantar los brazos, y llegó a la cocina. Olía a tostadas recién hechas, Victoria se hallaba sentada delante de una taza de café y un periódico. Para su sorpresa, su padre, Mikael, estaba en casa.
- Buenos días -susurró sin alzar la voz demasiado, al igual que el rostro.
- Buenos días mi niña -respondió Mikael sin darse cuenta de la mirada de odio que le había dirigido su mujer.
Mikael era un hombre despreocupado y antaño estuvo perdidamente enamorado de su mujer... pero ese amor se había tornado desprecio y odio con el pasar de los años. No obstante, era un cobarde y lo sabía. No podía hacerle daño a Victoria en ninguno de los sentidos, pues sabía que no la tomaría con él, sino con su pequeña cuando él saliera por la puerta.
Lylian se sentó a la mesa haciendo tambalear el café en la taza de su madre.
- Ten cuidado, niña estúpida -le espetó
- Lo... lo siento, mamá... -los ojos se le empañaron en lágrimas, pero hizo un esfuerzo por no llorar. Sabía que, si la castigaban o le alzaban la voz, era por su bien.
Esta era una mañana como otra cualquiera, a diferencia de que, de no ser por su padre, hubiera recibido al menos un golpe. Pero Victoria nunca le hacía daño delante de él.
En el colegio era una niña modelo, unas notas perfectas y solo hablaba cuando se le preguntaba.
Una noche sus padres dieron una fiesta en casa, como era costumbre una vez al mes. Invitaban a amigos que se encontraban en alta escala en la sociedad, normalmente, compañeros de trabajo de su padre.
Ella no estaba invitada a esas fiestas, mamá decía que eran cosas de mayores y que su presencia resultaba incómoda.
Aquella noche, cuando la gente comenzó a llenar el salón, ella se apostó en las escaleras. Le encantaba oir la música y, esperaba verle a él.
Al cabó de unos minutos entró por la puerta, puntual como siempre. Hacía años que no le veía, ella tenía ya los dieciocho cumplidos.
El joven pasó al salón y dirigió su mirada hacia ella. ¿Cómo podía encontrarla siempre? Dejó su chaqueta colgada del perchero y, tras atender a un par de personas, ascendió las escaleras hasta llegar donde se hallaba la joven y sentarse al lado suya.
- Buenas noches, Lylian -le sonrió mientras con su mano enguantada, le acariciaba el cabello- ¿Hoy tampoco te unes a la fiesta?
- No... yo no debería estar aquí, si mamá se entera me regañará -Lylian sabía que era cierto. No obstante, después de cada fiesta a la que él acudía, pasaban semanas hasta que su madre le pusiera la mano encima. Ignoraba el porqué.
- Bueno, entonces me dejarás que te acompañe a tu cuarto, ¿no? -tenía una mirada paternal, aunque no podía ver. Alzó en brazos a la joven y la llevó hasta su habitación. Una vez allí la recostó en la cama- ¿Qué te parece si me cuentas el cuento del hada y el gitano?
- Claro -sonrió. Le encantaba ese cuento, lo sabía desde siempre, aunque nadie se lo había contado jamás. Sus únicos mundos eran la pintura y la lectura, y cuando su madre la privaba de ellos, siempre le quedaba imaginar. Sí, de eso no la podían privar.
- Es precioso -dijo él una vez hubo terminado de narrar, a la par que le acariciaba el rostro.
Christoph, ¿porque no vienes siempre? -le miró inquisitivamente.
- Mi trabajo se encuentra fuera de la ciudad, solo puedo venir cuando éste me lo permite, pequeña. -Lylian no podía entender porqué, pero, a diferencia del trato que recibía en casa, este hombre le profesaba el cariño que nunca recibía.- Ahora “duerme” Lylian... duerme y descansa.
La pequeña cayó dormida sobre sus brazos concienciado de que había sido por la orden formulada.
La recostó sobre la cama y descubrió su costillar y su espalda exalando un suspiro de pena y frustración.
Algún día, Lylian, algún día vendrá a por ti ese hombre del que tanto hablas... -la besó en la frente y, tras taparla, salió del cuarto.
El resto de la noche transcurrió sin más acontecimientos y, como siempre, el joven invidente se marchó mucho antes del alba, no sin asegurarse del bienestar de la pequeña durante cierto periodo de tiempo.
En una de las fiestas anteriores habían contado con la presencia de una hermosa mujer, de cabellos cortos oscuros y mirada penetrante. Se había interesado mucho por Lylian, sobretodo, al comprobar la mínima atención que le concedían sus padres.
Había llevado a la pequeña un par de veces a unos viejos almacenes donde le había enseñado algo de danza. Siempre que bailaba la devoraba con la mirada... hasta que un día, la mirada no le bastó.
La mujer la cogió por la cintura y la ató a un potro de salto. Puesto que el sitio estaba habilitado como una academia de baile, estaba totalmente insonorizado. Lylian no entendía porqué, pero esta extraña mujer había ganado el favor de su madre sin problemas, y, siempre que se la llevaba, estaba ya más que caída la noche.
Una vez atada le dirigió una mirada pícara y abrió un pequeño armario que siempre tenía bajo llave y que, según aseguraba, le servía para guardar uniformes y mallas para el baile: allí se enseñaba danza y ballet clásico. Se acercó a Lylian, la cual se encontraba cabizbaja y de sus ojos surgía la duda. Le levantó el rostro para besarla, primero dulcemente, y después de forma lujuriosa.
No le hizo falta quitarle la camisa, pues la hizo trizas con una especie de daga corta. Lylian, pudo vislumbrar una única marca en el arma: una G.
Dejando caer a un lado el cuchillo, acarició sus pechos desnudos, pellizcando los pezones para luego pasar a recorrerlos con su lengua. Ella se estremecía, aunque no de placer, sino de miedo. No sabía que iba a pasar y estaba acostumbrada a conocer el destino que le esperaba, pero ésto no le había pasado nunca. La mujer levantó su falda dejando ver su entrepierna y acariciándola mientras recorría su cuello con besos y mordiscos. Introdujo dos dedos en su vagina al mismo tiempo que un par de finos colmillos atravesaban la piel de la pequeña debajo de uno de sus pechos.
El rostro de la mujer se tornó de un color más saludable, mientras que Lylian se sentía debilitar por momentos.
Lamió la herida y se levantó hacia el armario, para sacar de allí un maletín negro que, por el horror que contenía, podría haber sido comparado a la caja de Pandora.
Abrió el maletín delante de ella y sacó un instrumento alargado recubierto de pequeñas y finas púas.
La mujer cogió a la niña y sin cambiar de ataduras, la colgó de unas barras que había colocadas teóricamente para hacer ejercicio. Luego se colocó bajo la entrepierna de la niña e introdujo el aparato. Lylian se retorció de dolor y comenzó a llorar silenciosamente, mientras su cuerpo se contorsionaba. Esa horrible mujer separó los labios y comenzó a beber la sangre que emanaba, dejándola derramar por su cara y sus labios. Para ella era cálida y revitalizante.
Tras esto, la pequeña quedó inconsciente y la mujer se aseguró de que no quedasen heridas visibles.
Luego la llevaba a su casa alegando que se había dormido por el cansancio.
Esta especie de ritual se había convertido en sacrosanto una vez al menos por semana.
Lylian solo deseaba perder la vida durante alguno de ellos... solo pensaba en que, el hombre que había visto en sus sueños, no aparecía, y le necesitaba.

2 comentarios:

  1. Joder que chungo, pero muy bien narrado XD me he quedado con muchisimas ganas de saber mas!!! quiero ver un final!!! y que esa niña acabe bien!!! o que acabe mal, pero un final :P Joer pobrecilla, y la tia de la sangre que es una vampira o una fetichista??? me he quedao ahi un poco raya. Y el ciego por que no va a rescatarla... cabron... que la rescate ya coño. seguro que tiene un paston el muy capullo!! ARGH pobre lylian U.U

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  2. Estoy de acuerdo fuiiiigo al ciego XD. Si es que es más pupas en fins, aunque ya conozco el texto me sigue gustando. Sigue colgando cosas nana

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Shhh... dilo bajito, que hasta el viento escucha...