viernes, 25 de marzo de 2011

Apariencias

Nubes en la cabeza. ¿Qué fue de la sonrisa de la muñeca de trapo? ¿qué fue de sus aventuras?

Dicen que un buen día se le descosió la sonrisa, que sus labios cayeron a un suelo que todo el mundo pisó. Que su gesto se enredó en una brújula rota.

Dicen que trazó con el pincel una nueva sobre su cara.


Nadie notó la diferencia.

viernes, 11 de marzo de 2011

Piiiiii...

Piiiii... dijo mi tarjeta cuando subí al autobús.
Acababa de salir de clase, no porque fuera la hora en que terminaba, sino porque decidí escaparme media hora antes. Si llego a quedarme probablemente me habría quedado dormida, así que sigilosamente (llamemos “sigilo” al momento en que se cayó mi estuche de la mesa y todos los bolígrafos comenzaron a rodar) salí de clase por la puerta de detrás.
Y no es solo que lloviera, sino que además había mucho viento. “Tengo que comprarme un chubasquero”. Llevo cuatro años pensando ésto cada vez que llueve y al final lo dejo pasar. No tengo remedio. La verdad es que no me gusta sacar el paragüas cuando hace viento, me da... no sé qué, que se rompa y empiecen a saltar varillas por todas partes, así que al final no lo abro y dejo que me llueva encima.
Corrí, porque vi el bus en la distancia y algo me decía que me dejaría en tierra, de modo que eché a correr y “plof, plof, plof”... barro. Genial.
Después de toda una odisea conseguí subirme y “piiiii...”: chica empapada a bordo.
Me senté en el primer asiento azul que vi libre y me puse la música. La verdad es que tuvo algo de magia esa media hora de viaje, con la lluvia golpeando el cristal (quizá quería que le abriera) y la banda sonora de “Enredados”, mezclada con “Warcry” y “Los Miserables” (sí, mi reproductor de música es una batidora sin sentido).
Quizá después de todo el autobús de vuelta no esté tan mal.

Digo el de vuelta, porque el de ida es horrible =P.

sábado, 5 de marzo de 2011

Aquellos ojos grises y el mar

El vaivén de la mecedora la hacía cabecear. Sobre su regazo reposaban dos enormes agujas y un jersey rojo a medio hacer. Siempre le había quedado bien el rojo. Había empezado a tejer la prenda hacía un año, pero después de lo sucedido abandonó la labor. Realmente, ni siquiera ella misma entendía porqué precisamente esa noche había retomado la tarea.
Fuera el viento soplaba con fuerza. A su memoria acudió una imagen, recordó como ambos solían sentarse en esa mecedora y veían los pájaros surcando el cielo y posándose en el mar. A la caída del sol solían ir a la orilla a contar las pisadas de las aves y dibujar sus nombres en la arena. Entonces el agua les mojaba los pies y se llevaba las letras.
Dejó el jersey sobre una mesita de madera que hacía mucho había tallado su marido, cogió un pequeño candil y encendió una llama dentro para ponerla a salvo del aire. Se echó una toquilla de color tierra sobre los hombros que el camisón dejaba al descubierto, abrió la puerta y salió.
Todas las noches repetía el mismo ritual, avanzaba como un alma en pena que espera encontrar respuestas que solo pudiera ofrecerle el mar.
Caminó despacio por el acantilado. Las olas mordían a las rocas con violencia e incluso le salpicaban en los pies. No era un lugar demasiado alto, pero era su torre de vigía, su faro. Dejó el candil a sus pies y lanzó la mirada a las aguas. La noche estaba llena de sonidos que se acompañaban en perfecta armonía, como si detrás de ellos hubiera un director de orquesta presidiendo el concierto.
Por un momento pensó que las nubes se confundirían con la espuma del mar y que las olas borrarían a las estrellas, que se las llevarían del cielo, como sus nombres de la orilla, como a su hijo de sus brazos.

Soñaba cada día con que el mar, tan cruel y egoísta le devolviera aquellos ojos grises que sepultó bajo sus aguas.

martes, 22 de febrero de 2011

Dibujando fantasía




Es posible encontrar magia en los rincones más insospechados. Vedlo, es precioso.

viernes, 18 de febrero de 2011

Así pintaba, así, así...

No ceso en mi empeño. He trasnochado, saludado al alba y despedido de nuevo al sol.
Llevo días así. No duermo, no descanso, apenas como. Tengo los dedos llenos de colores, inútiles todos ellos.

Demasiados lienzos rasgados y arrugados se esparcen por mi dormitorio. Ya no me queda papel, de mis sábanas blancas no queda nada, las cortinas podrían ser el arcoiris dibujado en mi ventana.
No voy a rendirme. Mis pinceles se han partido y dentro de poco les seguirán mis dedos, que ahora uso como tales. Las paletas están a rebosar de colores que no me llevan a ninguna parte.

¿Ves? No consigo encontrar la calidez adecuada, la textura que debería darle, por más que mezclo colores no hallo ninguno que tan siquiera se asemeje...


No se puede pintar un beso
si no es en tus labios.


··Sin dedicatoria··

jueves, 3 de febrero de 2011

Revolución!

Se me acumulan los cuentos, las viejas y nuevas historias.
Intento hacerlos coincidir, darles un objetivo común, un sentido a su viaje a través de las páginas.
Puntos, comas, espacios en blanco. Todos ellos sirven a un propósito: darles vida.

Se cruzan en veinte mil momentos, discuten, colaboran, Garfio acepta la tregua con Peter y el Lobo Feroz que Caperucita le lance una pelotita... por no hablar de los demás. Cada uno tiene un papel, todos la misma meta: volver a existir, que los niños vuelvan a leer.
¿El plan? Revolucionemos los cuentos, llamemos su atención.

sábado, 15 de enero de 2011

Mañana será otro día

Un día de esos...

En que las nubes no tienen ninguna forma, en que las constelaciones se han esfumado y la luna no es más que una enorme lámpara de tela carcomida por las polillas.
Un día de esos en los que suena, lejana, una lluvia suave y continua que hace música contra los tejados, que no puede colarse en las casas pero que a ti te cala los huesos. Y sientes como las gotas te empapan la cara, pero no es el cielo el que llora.

Un día de esos en que te molesta la tiza que te mancha los dedos cuando escribes en la pizarra "buenas noches" antes de irte a dormir.

Porque mañana será otro día.