El vaivén de la mecedora la hacía cabecear. Sobre su regazo reposaban dos enormes agujas y un jersey rojo a medio hacer. Siempre le había quedado bien el rojo. Había empezado a tejer la prenda hacía un año, pero después de lo sucedido abandonó la labor. Realmente, ni siquiera ella misma entendía porqué precisamente esa noche había retomado la tarea.
Fuera el viento soplaba con fuerza. A su memoria acudió una imagen, recordó como ambos solían sentarse en esa mecedora y veían los pájaros surcando el cielo y posándose en el mar. A la caída del sol solían ir a la orilla a contar las pisadas de las aves y dibujar sus nombres en la arena. Entonces el agua les mojaba los pies y se llevaba las letras.
Dejó el jersey sobre una mesita de madera que hacía mucho había tallado su marido, cogió un pequeño candil y encendió una llama dentro para ponerla a salvo del aire. Se echó una toquilla de color tierra sobre los hombros que el camisón dejaba al descubierto, abrió la puerta y salió.
Todas las noches repetía el mismo ritual, avanzaba como un alma en pena que espera encontrar respuestas que solo pudiera ofrecerle el mar.
Caminó despacio por el acantilado. Las olas mordían a las rocas con violencia e incluso le salpicaban en los pies. No era un lugar demasiado alto, pero era su torre de vigía, su faro. Dejó el candil a sus pies y lanzó la mirada a las aguas. La noche estaba llena de sonidos que se acompañaban en perfecta armonía, como si detrás de ellos hubiera un director de orquesta presidiendo el concierto.
Por un momento pensó que las nubes se confundirían con la espuma del mar y que las olas borrarían a las estrellas, que se las llevarían del cielo, como sus nombres de la orilla, como a su hijo de sus brazos.
Soñaba cada día con que el mar, tan cruel y egoísta le devolviera aquellos ojos grises que sepultó bajo sus aguas.
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Hace 2 años

Cucú^^... señorita... entro tímido en este delicado mar de sus pensamientos... dulcemente "dolorido" aún por los repetidos "plofs" a los que (no) me tiene acostumbrado... y me voy seguido a mirar este mar nuestro que hoy está del mismo color que aquellos ojos grises de los que habla. Todos necesitamos respuestas y no sé si el mar las tiene o no; pero al menos él está ahí para recibir nuestras preguntas y las lágrimas que no podemos contener. Un abrazo, señorita, de lo más cómplice, de lo más travieso. Y esta sonrisa ;D
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