Unas... ¿cuatro? Sí, cuatro hojas. Folios llenos de letras que forman sílabas, y éstas, a su vez, palabras. Palabras amigas, por cierto, pues se unen para crear frases, con más o menos rima, pero todas absolutamente imprescindibles.
Paseo de un lado a otro, lo leo una y otra vez tratando de hacerlo mío, tratando de sentir lo que ella sentiría al decir esos versos. ¿Esperanza? ¿frustración?... ¿resignación? Demasiadas cosas a la vez como para pretender plasmarlas en un momento, quizás.
Pero lo mío no será resignación. La suya era temprana, la mía, si es que llega, tardará en hacerlo.
Sacudo el papel delante de mis narices. Carraspeo y dirijo la mirada a ningún sitio en particular.
Entonces empieza el intercambio de parrafadas, unas más complicadas que otras. Repetimos sin cesar, alterando los tonos, cambiando las pausas y midiendo los gestos y los silencios. Cada vez es más nuestro. ¡Cada vez comprendemos más a esa infeliz pareja que planea fugarse de forma romántica! Cada vez... cada vez sus palabras son tan nuestras como suyas.
Al final, solo se trata de sentir...
El teatro no es un oficio de apariencias... sino de sentimientos.
Plant Lemon Seeds In A Cup
Hace 2 años

Y de eso te sobra, pero hay aun mayor magia que es reflejarse en el brillo de los ojos cuando se pierden en viajes tras las bambalinas
ResponderEliminarPero cuando lo sientes ya es tan tuyo, que se convierte en apariencia, y casi casi, eres lo que interpretas.
ResponderEliminarMentirijillas desde mi reino.
No soy muy bueno para comentar,me parece un buen texto como siempre tienes mas talento del que yo haya podido ver o tener ,bs
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