El inspector Javert solo quería mandar a presidio a todo aquel que perturbase la paz y el orden, que amenazase la justicia y apuñalase a la moral.
Jean Valjean era un forzado que, aun en libertad, continuaba tras los fríos barrotes de prisión.
Éponine Thénardier no pidió más que un beso en la frente.
Diferentes caminos. Quizá al final ellos no sean tan distintos. Al fin y al cabo, hablamos de un mundo aparte, hablamos de Los Miserables, los olvidados...[No, yo tampoco sé muy bien a qué viene ésto, reflexiones en voz baja, supongo]{Caballero, vos que sonreís a las tostadas con mantequilla... ¿tenéis nombre? Al final la curiosidad pudo conmigo, jaja}