- Señor... - el caballero más parecía un mercenario que un soldado. Su voz era firme y su mirada lo examinaba todo concienzudamente.- Gorke... acérquese - su superior le miraba fijamente, con una sonrisa sesgada en los labios mientras descendía unos pequeños escalones de piedra - Supongo que sabes ya donde están destinados, ¿no?
- Estoy seguro de que cumplirán perfectamente con lo mandado. Destacarán más que de sobra entre los demás.
- ¿Los... demás? No, no, no... Gorke, su misión tiene que ver con La Iglesia... con los Engels... - su sonrisa se acentuó aun más.
- No volveréis a mandarlos a un sitio semejante. No otra vez, señor.
- ¡No hay nada que podáis hacer! - bramó, haciendo que su voz retumbase en cada rincón de la enorme capilla - Las órdenes son las órdenes. Y tú estás aquí para acatarlas... De modo que les dirás a t...
- Decídselo vos mismo - su voz mantenía el mismo tono, pero su mano tembló cuando dejó caer la insignia de Templario Negro que colgaba de su pecho, al suelo.
- ¿Cómo? - preguntó, incrédulo
- ¿Acaso encima sois sordo? No pienso volver a mandar a mis chicos a una misión suicida. Si quereis su muerte, ya que no puedo hacer nada desde mi posición, lo haré desde otra... Y os aseguro que la mano de la Iglesia no me acompañará esta vez.
Se hizo el silencio durante segundos que parecieron horas.
- Tienes un día de cuartel. Si vuelves, asumiré que te has arrepentido de esta conversación... Si no lo haces te convertirás en desertor.
- Un día es tiempo de sobra - se giró y comenzó a caminar con paso decidido, dejando a su antiguo superior tras de sí - ¡Ah! - añadió antes de cerrar la pesada puerta de madera - No me esperéis despierto.

El aprecio por los chicos es más grande que toda fé. Y es que ellos realmente se hacen querer ^^
ResponderEliminarUnidos por encima de ángeles y demonios.
ResponderEliminar