Ya había caído la noche y como siempre, el señor Evans se hallaba sentado en aquella banqueta de madera, con la luz de la lumbre como compañera, convirtiendo sus cuentos en un pequeño ballet de lenguas de fuego. Un montón de inquietas miradas le observaban con impaciencia, anhelando saber a qué maravilloso mundo podrían viajar esa noche. Y, como siempre, el anciano se hacía de rogar, sonriendo tras su espesa barba blanquecina y acomodándose pausadamente sobre su asiento.
- ¿De qué nos hablarás hoy? - inquirió uno de los infantes
- ¿Será de fuertes soldados?
- ¿De un dragón?
- No, mis valientes trotamundos... hoy os contaré una historia de la cual nadie escribe ni comenta.
- ¿Por qué?
- ¿Es aburrida?
- ¿Tiene un final feliz?
- Shh... este cuento no tiene final feliz, porque aun nadie se ha aventurado a lograrlo... pero quizá, algún día, alguien se atreva a hacerlo – hizo una pequeña pausa para dejarles intervenir, pero sus sonrisas faltas de dientes le apremiaban a comenzar – Bien pues, esta historia comienza cuando vosotros aun no habíais nacido...
- ¡Pero de eso hace mucho!
- ¡Sí, es cierto, nosotros ya somos mayores!
- Hay un lugar, lejos, donde el tiempo no conoce nombres y los caminos conluyen, un lugar donde ningún valiente caballero que haya entrado... ha salido o regresado a su hogar. Atravesando los Jardines del Recuerdo, se haya el Castillo del Fin del Mundo, donde mora la Princesa de la Lluvia. La llaman así porque en esas tierras siempre llueve.
- ¿Por qué?
- Ivonne, la Princesa, no tenía ninguna compañía, siempre rodeada de silencio y oscuridad...
- ¿Entonces, por eso llueve, porque está triste?
- Así es, Will – miró a los niños con ternura
- ¿Y por qué está tan sola? ¿No puede invitar amigos al castillo? Seguro que cabe mucha gente... - sugirió una pequeña de oscuros cabellos.
- Dicen que nadie puede atravesar los Jardines del Recuerdo, ¿sabéis por qué? - esperó una contestación que respondieron con silencio – Porque el aroma que desprenden las flores que allí se guardan, niños, evocan recuerdos...
- ¿Recuerdos buenos o malos?
- Depende del olor que llegue a sus narices, jovencito... Algunas rememoran tiempos duros o tristes para quien las huele, otras rebosan felicidad y armonía. Cada una de las personas que se ha aventurado allí dentro, se ha vuelto completamente loca – añadió llevando un dedo índice a un lateral de la cabeza y haciéndolo girar, a la par que se ponía vizco, lo cual provocó un murmullo de risas general – Nunca nadie consiguió cruzar al otro lado. Nunca nadie conoció a la dulce princesa, que al verlos morir de locura desde la ventana de su alcoba, entristecía y eso hacía que la lluvia no parase, de tal modo que ese jardín no se marchitaría jamás. Pero, ¿sabéis lo peor de todo? Ivonne vivía así por ser presa de una maldición, que una hechicera, celosa de su belleza y la de sus tierras, le lanzó... y que no se disiparía hasta que alguien lograse llegar a presencia de la joven dama.
- ¿Entonces la princesa sigue sola en su castillo, sin amigos?
- Eso es, sin nadie que la acompañe ni ría o llore con ella.
- ¿Así termina el cuento? Pero si no tiene final... - espetó uno.
- De eso, mis queridos niños, será de lo que tengan que encargarse nuestros valientes viajeros... lo que ocurre es que ellos no lo saben... aun.
FIN... POR AHORA...
Plant Lemon Seeds In A Cup
Hace 2 años

Pues ahora que por fin puedo me aerco a sus reinos a sumergirme en sus letras joven Danielle. Me alegro mucho que te decidieras a crearlo de verdad. Y no pares de escribir, no pares de soñas. Un beso
ResponderEliminarDicen que atravesar los jardines de la locura, aventurarse en los interiores de una ersona, de sus miserias y de sus añoranzas es complicado. Navegar las lágrimas que puedan llevar consigo pero supongo que ese es uno de los mejores premios de la gente que de verdad, está a nuestro alrededor.
ResponderEliminarDejé una nota escrita al borde de mi "Acantilado", señorita, donde fue a verme hace unas horas... para lo que desee. Un abrazo y una sonrisa para usted.
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