lunes, 27 de diciembre de 2010
Filís ^^
domingo, 26 de diciembre de 2010
Feliz Navidad
lunes, 20 de diciembre de 2010
Automática
Cojo el primer autobús, que me lleva hasta la rotonda del Hospital Clínico y bajo para coger el siguiente. Mientras camino en su busca intento encontrar el mp3, ¿mi estrategia? Tirar de los cascos, está claro, al otro extremo debería estar el reproductor.
Subo al autobús y le doy al play.
De repente, me encuentro abriendo la puerta de mi casa.
¿Dónde se ha quedado el camino? No recuerdo el paseo, ni los semáforos. No recuerdo haber pulsado el botón para bajarme, ni haber pasado por delante del edifico enorme de "Flex".
Odio la rutina.
lunes, 6 de diciembre de 2010
miércoles, 1 de diciembre de 2010
Quiere que...

Quiere… quiere muchas cosas, pero solo es una muñeca.
Nada más.
Aunque no lo parezca
martes, 30 de noviembre de 2010
Los Miserables
Al fin llegamos. Ahí estaba, rojo y azul con el rostro de un niño abocetado. Inmenso. Se veía desde muy lejos y poco a poco nos acercábamos a él.
Subimos las escaleras llenas de gente. Las taquillas estaban a rebosar y apenas sí se podía pasar por la calle que estábamos colapsando.
El salón de la planta baja era enorme. Algunos dejaban sus pertenencias en consigna para pasar a recogerlas a la salida.
Después de una corta espera nos dejaron entrar para tomar asiento.
Desde el palco, el escenario se veía con total claridad. Cada detalle de la decoración, aun sin haber comenzado la función, estaba minuciosamente cuidado. Al fondo una pantalla enorme que ensombrecía las tablas. Un amasijo de negro, verde y azul oscuros dejaban escrito con trazo de pluma en una de las esquinas inferiores el nombre “Victor Hugo”.
“En cinco minutos dará comienzo la función”, dijo una voz de mujer a través de un micrófono.
Esos minutos se hicieron eternos. Mientras transcurrían se escuchaba levemente a los músicos terminando de afinar sus instrumentos, se veían agitarse las manos del director de orquesta, inquietas, como si estuviera trazando mil y un dibujos en el aire a una velocidad vertiginosa.
Yo no podía dejar de mirar el escenario, de imaginar lo nerviosos, o puede que relajados, que debían estar tras bambalinas esperando a salir.“Quizá hagan lo mismo que nosotros. Quizá se pongan en círculo, se cojan de las manos y se miren a los ojos sabiendo, de repente, que no puede salir mal”, pensaba mientras poco a poco la luz comenzaba a agonizar para dar paso a las primeras notas que inundaron todo el teatro.
Mágico, triste, divertido, real, enternecedor, emocionante, espectacular… sencillamente único.
Los Miserables.

