lunes, 6 de septiembre de 2010
Tantos por ciento
viernes, 3 de septiembre de 2010
Por ti...
Porque desde que te conocí supe que ocuparías un lugar importante en mi vida.
Porque me haces sentir parte de algo que por minúsculo que parezca, para mí es un mundo.
Porque gracias a ti poco a poco me encuentro a mí misma.
Porque si rebusco entre los mejores momentos, estás ahí.
Porque de alguna forma me has enseñado a no rendirme.
Porque me das alas y alimentas mis sueños.
Porque te debo tantos llantos y sonrisas…
Me has permitido refugiarme en ti tantas veces que he perdido la cuenta. Me has ayudado a camuflarme y a levantarme cuando lo he necesitado. Me has concedido oportunidades con las que ni siquiera soñaba. Incluso me presentaste a todas aquellas personas tan diferentes entre sí y tan increíbles.
Es difícil explicar. Suena casi romántico, como si fueras mi media naranja o algo así.
Gracias.
[No, no hablo de una persona =P]
domingo, 22 de agosto de 2010
Puzzle
Venga, no son tantas. Atrévete a unirlas. ¿No quieres saber el dibujo que forman… cuando están todas juntas?
Quizá merezca la pena. Solo quizá.
¿No?
viernes, 13 de agosto de 2010
Princesa
al mar, que siempre esté en calma.
Acúname entre tus brazos,
cántame una nana sin voz.
Aprisiona con tus manos las mías.
Haz que el silencio se muerda los labios,
que la soledad se muera de envidia.
Llámame princesa, aunque solo sea por esta noche.
miércoles, 11 de agosto de 2010
Cámara 999
Cuando empezó el día cada uno tenía su papel: rehenes y atracadores. Ahora no hay nada claro, parecemos ratoncillos en una jaula, correteando de un lado a otro sin saber desde donde nos acechan.
Ignoro las veces que he comprobado la munición de mi arma, pero vuelvo a hacerlo. Estoy sola, vigilando al final de ese pasillo, esperando a que algo aparezca para darle otro tiro inútil.
- Joder… - no puedo evitar maldecir
- ¿Qué te pasa? – mi compañero se une a la vigilancia. Algunas veces me pregunto cómo lo hace para mantener la cabeza tan fría, sobretodo en una situación así
- Nada… - me duelen los pies – La próxima vez yo haré de atracador malo y tú de señorita, ¿de acuerdo?
- Quítate los tacones, mujer – se rió. Eran pocas las veces que ocurría, pero ésta le hago caso y me descalzo
- ¿Qué piensas hacer cuando salgamos de aquí? – le miro de reojo volviendo a tomar mi posición
- Quizá me vaya de viaje – no quita su vista de la oscuridad que tenemos al frente - ¿Y tú?
- Empezaré a aprender a cocinar… - me quedo muy seria durante un momento y los dos nos echamos a reír, como si acabara de soltar un chiste malo – Así que de viaje, ¿eh?
- Claro, a las Fidji – dice con determinación
- ¿A las Fidji? Hay caníbales allí, ¿después de esto vas a querer ir? – es tan irónico que la situación me hace sonreír
- Por supuesto, ¿te vendrás conmigo?
- Mmm… muy bien – asiento con la cabeza – Pero pagas tú el hotel
- Genial, pero habitación doble – sonríe
- Hecho
Ambos apuntamos al frente. Algo se mueve en la oscuridad.
- Ya están aquí
- Otra vez
sábado, 31 de julio de 2010
Detrás
Escondida entre palabras.
Pequeñita, como Pulgarcita, a pesar de mi tamaño.
lunes, 12 de julio de 2010
A.C.
Desciendo las escaleras sin tan siquiera pararme a mirar a quienes pasan por mi lado. Me da igual. Ha sido un día largo.
Me despido de alguien haciendo un gesto con la mano. Ignoro si responde o no a mi saludo.
Cruzo el interminable puente y después todo el pueblo de una punta a la otra.
Queda ya poca gente en las calles, hoy se me ha hecho realmente tarde.
Una madre llama a gritos a su hijo, que aun no se ha cansado de jugar con un enorme balón en el que se mezclan demasiados colores. Por lo visto, la cena está lista, quizá sobre la mesa, enfriándose. Me sonrío a mí mismo pensando en cuando yo era un niño como ese y la voz que me llamaba era la de mi abuelo.
Finalmente llego a casa. Apartada del constante ronroneo del mundo, me espera, como siempre, silenciosa. Abro la puerta y enciendo unas cuantas velas. Dios... no recordaba haberlo dejado todo tan desordenado... Bueno, es decir, jeje, normalmente está muy desordenado, pero nunca tanto como hoy.
Me acerco a la chimenea y enciendo el fuego. La pequeña y antigua olla cuelga de un gancho a ras de la madera que ahora arde. ¿Qué hay dentro? Levanto la tapa y me sorprende encontrar algo de caldo, sin más condimento que alguna que otra burbuja provocada por el reciente calor de las llamas.
Estará bien... tampoco tengo mucha hambre.
Trato de organizar un poco la mesa que hay al lado de la lumbre. Retiro unos cuantos pergaminos escritos, una botella de cristal muy trabajado con un líquido que oscila entre morado y ámbar, y un colgante que reposa sobre un dibujo a medio hacer. Luego busco un cuenco o algo donde pueda echar la comida. Encuentro uno, ¡increible! Está impecable. Lanzo un soplido dentro, por si hubiera polvo, y lo llevo hasta donde se encuentra la olla para llenarlo con un par de cucharadas de ese caldibache. La marmita la retiro del fuego y el cuenco lo pongo sobre la mesa para luego sentarme y comer. Está insípido. Solo le doy un par de sorbos.
Miro a mi alrededor. Tengo la casa llena de cosas, pero vacía. Aparto a un lado el cuenco con el dorso de la mano y salgo afuera. El leve cambio de temperatura hace que un escalofrío me recorra la columna.
Cruzo el embarcadero con paso tranquilo hasta llegar al final y me apoyo sobre la valla de madera que lo cierra. El lago está precioso esta noche, casi parece que la luna baila sobre su superficie. Me asomo levemente hasta encontrarme conmigo mismo.
Siempre te espero en el mismo sitio, pero eso tú no lo sabes.
Pasan los minutos y de vez en cuando aparto la vista de mis ojos para alzarla por encima del hombro. Supongo que espero que estés ahí, pero no hay nadie y vuelvo a contemplar casi absorto el paisaje. En el fondo del lago algo brilla. No... no son las estrellas, ellas no se hunden tanto. Son monedas, unas grandes, otras algo más pequeñas, de plata y bronce.
El tiempo sigue pasando y vuelvo a levantar la vista. Suspiro largamente.
- Siempre te espero en el mismo sitio – sonrío – Pero tú eso... no puedes saberlo – dirijo mi mirada al fondo del lago y lanzo una moneda al agua – Has vuelto a ganar...
Me giro dejando atrás aquello y vuelvo a casa.
- Buenas noches – susurro a nadie en particular antes de dormir
[Escrito hace tiempo, sigo con el lápiz vacío de palabras.]
