sábado, 13 de agosto de 2016

Salir corriendo.

Sin un motivo aparente.

Sin un rumbo definido.

Sin un objetivo, en realidad.

Salir corriendo y frenar solo cuando estés en calma.

1 comentario:

  1. Señorita, permítame asomarme a esta ventana y dejarle una pequeña semilla allí donde llegue a frenarse. Estoy seguro de que para cuando llegue, habrá nacido en su lugar una pequeña flor silvestre, pero muy, muy coqueta; no se olvide de arrimarle un poco de agua, dedíquele una tibia sonrisa y siga su camino. Ella le regalará a cambio un reflejo de su color y sencilla elegancia, pedacitos minúsculos -como en píldoras- de la inocencia efímera que perdemos a diario y unos pétalos de luz para enfocar con más claridad la belleza de los instantes que aún le restan por descubrir.
    A lo mejor en alguna ocasión -no sabemos cuándo- le toca a usted ser esa flor con una persona que vaya muy corriendo y, de pronto, frene en seco y empiece a replantearse sus ideas.
    ¿Y sabe qué? No dudo de que estará a la altura... sus letras, sus emociones y su encantadora sed de aventuras la delatan como auténtica caballera de corazón indómito e irreductible.
    Cierro la ventana despacio, y me marcho sonriendo... shhhhh...

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Shhh... dilo bajito, que hasta el viento escucha...