No se escuchaba nada a su alrededor. Silencio, el silencio habitual del campamento Petirrojo que llegaba al caer la noche. Amelia se encontraba a su lado, pero Isaac, una vez más, había partido con la promesa de volver, y aunque siempre cumplía su palabra... cada vez que él se marchaba Lois tenía una de esas espantosas visiones.
Humo negro, azufre, fuego del infierno. Alas membranosas, el zumbido incesante de las moscas por doquier.
Lucifer, el ángel caído que gobierna el Inframundo, un rey sin corona, un estandarte sin dibujos.
- Papá... - las lágrimas caían por sus mejillas y se las limpió con la manga de la camisola
Cada vez que él estaba lejos veía cómo sus ojos se volvían amarillos, cómo su espalda se quebraba y unas enormes alas salían de ella con el crujido de los huesos y un grito enloquecido salía de sus labios.
Cada vez que él estaba lejos... veía cómo se marchaba, aún más lejos... para no volver.
- No te vayas papá... - musitó acurrucándose de nuevo con Amelia, y cerró los ojos con miedo a soñar.

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Shhh... dilo bajito, que hasta el viento escucha...